Hoy me he levantado con el gen abuelar del magisterio subido. Aprendamos historia, o recordémosla:
Hace muchos, muchos siglos, en un lugar muy lejano, unos cuantos tipos que hablaban en griego antiguo, decidieron que el sistema de gobierno por el que ellos se regían se iba a llamar 'democracia'. Pero podían haberlo llamado: 'aquí se hace lo que nosotros queremos, porque somos los más guapos, listos y ricos, y los que no son iguales a nosotros, léase mujeres, esclavos, extranjeros, campesinos o pobres, se joden y no tienen ni voz ni voto'.
Durante siglos, en distintas épocas y partes del mundo, los hijos han sido solo de la madre. O solo del padre. O las mujeres eran moneda de cambio, o las sacrificaban cuando el marido moría (costumbre que existió en el Panamá indígena, por cierto). La esclavitud era buena. A los ladrones se les cortaba la mano. Los niños se mataban en épocas de hambruna y a los que nacían con tara se los abandonaba inmediatamente para que murieran. Los viejos se suicidaban si ya no servía para nada. Si tú me sacabas un ojo yo te sacaba otro. A veces las causas se dirimían en un combate singular, no ganaba la razón, sino la fuerza. Todas esas costumbres, leyes y tradiciones han funcionado durante miles de años para millones de seres humanos desde que el mundo ha sido. ¿Qué nos hace pensar que nosotros tenemos la verdad absoluta? Las cosas cambian muy rápido. Algo tan común como el que los niños vayan de azul y las niñas de rosa es una costumbre que viene apenas de la época de la segunda gran guerra. Antes era al revés y el color rosa era masculino.
Estamos en democracia. Hemos decidido que todos los mayores de 18 años pueden votar. Sea cual sea su educación, su género o su moralidad. Pues señores, eso es democracia para nosotros. Lo que dice la mayoría es lo que es.
Si ésta es una sociedad corrompida, si los tramposos son más, si los que buscan la manera de colarse en la fila son más, si los que le dan plata al policía son más, si son mayoría los que piensan que manejar por el hombro para saltarse el tranque de la garita en la autopista está bien. Si más son los que exigen que los demás les paguemos con nuestros impuestos una casa que no se han trabajado, un lote de terreno que no era suyo, un subsidio por no hacer nada. Si son la mayoría los periodistas que piensan que está bien aceptar regalos de la presidencia de turno el día del periodista. Si esos son los valores que rigen en éste país, pues es lo que hay. La democracia dice que hemos de acatar lo que dice la mayoría, y siento deciros que la mayoría vota por la coima, el soborno, por el juegavivo. Por la ley del embudo: lo ancho para mí y lo estrecho para el resto. Por el sinvergüenza que sale con el dinero cobrado por su voto, y la mayoría acepta lecciones de moral de los que no la tienen. La mayoría vende su voto de una u otra forma. Aquí la mayoría se asusta de lo que roban unos cuantos. Pero todos sabemos que la mayoría haría lo mismo si tuviera la oportunidad.
Así que mi consejo es que, si nos les gusta el país que les vamos a dejar a nuestros hijos gracias a la mayoría, pues que emigren. Si es que encuentran algún rincón del mundo donde en ésta época el honor no sea palabra vana.
*(Antropóloga, actriz y escritora)