Los países vitivinicultores de Europa, preocupados por controlar la autenticidad y uniformidad en la producción de sus vinos de calidad, decidieron tomar medidas para garantizarle a los consumidores, que cuentan con un producto confiable, y así evitar las adulteraciones que afectaría el prestigio de la industria del vino del país de que se trate.
Con ese propósito, en cada uno de los países productores se organizó el respectivo Consejo Regulador de la Denominación de Origen (C.R.D.O.), entidad que garantiza el fiel y estricto cumplimiento de las normas de cultivo, producción, procesamiento, crianza, embotellamiento y la venta de los productos terminados. Todo ello avalado con el sello del CRDO, que irradia confianza en quien lo compra.
Como fundamento de esta necesidad de ordenamiento, los estados promulgaron las leyes que regulan la materia, y dentro de esa normativa se encuentra la clasificación de los productos en relación con su localización geográfica, verificable por la descripción que debe aparecer en las etiquetas y contra etiquetas, y que les servirá para saber qué vino tienen en las manos con solo leer las etiquetas.
Aunque existen variantes nacionales, existe una generalización que responde a la homologación del sistema comercial de la Comunidad Europea. Este sistema va de lo general a lo singular y así resulta más fácil y cómodo de comprender. Según este método, se comienza por el país, luego la región, la provincia o estado, el distrito, la comarca o comuna, el viñedo o finca, y por último, la parcela.
Toda esa información se encuentra contenida en las etiquetas. Lo más importante es saber dónde encontrar esa información, especialmente, cuando se encuentran impresa en idioma diferente al español. No menos importante resulta comprender el significado de toda esa información. Les puede parecer que exagero, pero es importante dar una repasada a la geografía de los países productores para conocer dónde se localizan las bodegas y sus viñedos.
Y para concluir con este aspecto de mi reflexión, les aclaro que los vinos europeos se clasifican en dos grandes grupos: el de los vinos de calidad producidos en una región específica (QWPSR) que incluyen los vinos de Apelación o Denominación de Origen Controlada (AOC y DOC) y los Vinos Delimitados de Calidad Superior (VDQS), y el de los vinos regulares que abarcan a los Vinos de la Tierra (VT) y los Vinos de Mesa.
Hoy deseo compartir con ustedes el fascinante mundo de los Vinos de la Tierra. Se pudiera hacer una aproximación de definición y decir que los Vinos de la Tierra son aquellos que se elaboran con uvas procedentes de un territorio que conservan características en común, pero que no han completado los requisitos para ser calificados en el grupo QWPSR. Conservan la libertad y discrecionalidad para que el maestro enólogo elabore sus caldos de acuerdo a su inspiración, ya que no están encorsetados por un Consejo Regulador, y por ello se ajustan más a las preferencias del mercado. Según el país que se trate, se conocen como Vino de la Tierra (VdT) en España, Vins de Pays en Francia, Vino ad Indicaziones Geografica Tipica en Italia, Vinho Regional en Portugal y Landwein en Alemania y Austria. Aunque sólo está por encima de los Vinos de Mesa, eso no significa que dentro de este grupo no se encuentren excelentes caldos. En España hay una gran cantidad de vinos incluidos dentro de esta clasificación. A manera de ejemplo y por ser productos que se encuentran disponibles en nuestro país, están los Vinos de la Tierra de Castilla y León de donde podemos mencionar Abadía Retuerta, Mauro, Peñascal y Real Sitio de Ventosilla.
Así que no menosprecie un vino por su aparente humilde origen, entre ellos se encuentran verdaderas joyas.