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Los zapatos de Tomás


(Según doña Eulalia, este cuento es historia). Cuando llegaron al cruce del río, Tomás continuaba diciendo: “No”. Pero, tanto insistió Jesús, que al fin accedió a prestarle sus zapatos; eso si, sólo por una hora. Para que no se ensuciaran, Tomás los había unido por los cordones y los llevaba colgados alrededor de su cuello, como si fuera un hermoso collar. Así había ascendido y descendido por las colinas del Camino Real que lleva a “Delicias Arriba”, donde ellos vivían. Tomás amaba mucho a su hermano mayor, pero también sentía adoración por ese, su primer par de zapatos, que le había regalado la madrina Eulalia.

- Ojalá su novia Eloísa, al verlo tan “enzapatao” le dé el sí a Jesús y haya boda este año. Entonces podría yo usar otra vez mis zapatos – pensó Tomás mientras Jesús se alejaba.

Se acostó a descansar y cuando despertó ya empezaba a oscurecer. Jesús no había regresado. Tomás sintió una intensa angustia y resolvió ir a la iglesia para buscar a su hermano. Una abigarrada multitud ocupaba el atrio. Él, hábil montañés, supo escurrirse entre los feligreses hasta llegar al sitio en el cual se inicia la nave central; la misma, por respeto, permanecía desierta. En ese preciso instante, el sacerdote que ocupaba el púlpito levantó los brazos y dijo con gran solemnidad:

 

¡¡¡ Entonces Jesús subió a los cielos !!!

Tomás, aterrado por lo que estaba oyendo, empezó a correr hacia el centro del templo, gritando: ¡Agárrelo, padrecito, que se lleva mis zapatos!


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347385
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América