Después de escuchar detenidamente una entrevista hecha en el programa Contragolpe al director ejecutivo de la Liga Panameña de Fútbol (LPF), Daniel Fernández, pienso que la gallina de los huevos de oro del torneo son los aficionados, pero creo que se pueden dar más incentivos para conquistarlos.
El precio de los boletos lo bajaron solo un dólar, de $6.00 a $5.00 en preventa, sin embargo, yo insisto en que los clubes o la LPF deben rifar en el medio tiempo regalos que pueden no ser ostentosos, pero que los motiven a regresar a los estadios. Una bicicleta, cena para dos en un restaurante, entradas al cine, bolsas de comida e incluso hasta tarjetas del metro.
Estos pequeños detalles poco a poco rendirán sus frutos, claro que esto es un trabajo a largo plazo que los directores de mercadeo de los equipos y de la LPF deben hacer efectivo, y no es nuevo porque antes se hacía. Eso es clave para conseguir que los aficionados se vayan identificando con los colores de sus clubes.
Según Daniel Fernández, el objetivo a corto plazo en este tema es llevar a los estadios de aquí a diciembre 100 mil fanáticos, unos 30 mil más que el torneo anterior. Al paso que van, me parece que podrían lograrlo. A largo plazo quieren meter, entre Apertura y Clausura, 280 mil aficionados.
El dirigente, que confiesa que no conoce nada de fútbol, tiene un plan a cuatro años para cambiarle la cara a la LPF y comparte conmigo que el regionalismo puede convertirse en un puntillazo importante para emprender el desarrollo del tan golpeado fútbol panameño.
El ejecutivo de la LPF reveló que todavía están negociando con las televisoras los derechos de transmisión, que representarán un ingreso directo a los equipos, eso también es positivo, pero a cambio deben dar un buen espectáculo en la cancha por el que valga la pena sentarse frente a la pantalla a ver los 90 minutos de un juego. Los dirigentes de los equipos también tienen que cambiar la mentalidad y no estar sentados solo esperando el dinero que venga de la LPF como si fuera un subsidio de los que reparte el Gobierno y que contribuyen a criar parásitos que, al final, se convierten en una carga y un terrible mal para el fútbol.
Esperemos que todos esos planes no se conviertan en promesas incumplidas o palabras que se las lleva el viento porque ya hemos visto pasar a muchos encantadores de serpientes por nuestro balompié.