En el reciente encuentro de escritoras de todo el continente que se celebró en nuestro país, en honor a la poeta panameña Diana Morán, a la USMA, universidad donde laboro, le correspondió ser sede de varios de los eventos. Eso nos permitió recibir a un gran número de las participantes. Aparte de eso, como moderador en una de las mesas, y como espectador en otras, tuve el privilegio de conocer a varias de ellas.
Una de las preguntas que a menudo nos repetían las escritoras fue: “¿Cómo es que yo no sabía de los escritores panameños?”, o bien: “Es fantástico todo lo que ustedes hacen, pero ¿por qué no llega a nuestros países?”.
El espacio de esta columna no da para enumerar las razones principales de esa brecha comunicacional, pero determinaré que no es por calidad, tampoco por intenciones; persiste, eso sí, una falta de mecanismos editoriales que, desde el Estado (es su deber) o desde la empresa privada (es una opción) proyecte esa manifestación de la cultura a otros lares (y de paso diversifique lo que exportamos, que no pasa de oro, melones, camarones, bananos y ahora pronto mercenarios).
Por tal motivo me regocijo al tener en mis manos un estudio realizado por un estudioso cubano radicado en Miami, quien siempre ha mostrado interés por las letras panameñas, y las divulga en sus ponencias y publicaciones periódicas; hablo de Humberto López Cruz, doctor en Filosofía y encargado de la subdirección del Departamento de Lenguas Modernas de la Universidad Central de Florida, donde es catedrático.
En uno de sus últimos aportes, dedica su estudio a la obra del escritor panameño Ramón Francisco Jurado, o Paco Jurado, como lo conocemos sus amigos. Se trata de una ponencia leída en el “II Coloquio Internacional: del mestizaje a la hibridez: categorías culturales”, que tuvo lugar en la Universidad de Costa Rica (9 y 10 de septiembre de 2010), a la que se puede acceder en el sitio web del Centro de Investigación en Identidad y Cultura Latinoamericanas (www.ciicla.ucr.ac.cr), bajo el título: “Revisando la Nación panameña en las primeras novelas de Ramón F. Jurado”, de donde extraigo, resumidas, las siguientes ideas sobresalientes, las que no deben honrar solo al autor, sino que en general deben ser lustre para nuestras letras, que de este modo alcanzan otras fronteras.
* Ramón enfrenta la Nación en sus entregas, hace que se vea representada con la sutileza necesaria en la que su protagonismo aparezca implícito, aunque el discurso nacionalista aflore con facilidad.
* En Panamá, plumas como las de Rosa María Britton, Ramón Fonseca Mora, Juan David Morgan, Javier Riba Peñalba y Gloria Guardia, por solamente nombrar algunas, incorporan una visión ficcional de Panamá que hace que la república termine en un personaje más que reclama su espacio.
* En la obra de Jurado, la denuncia social se acentúa sin que por ello se convierta en el tema central; el autor es sutil a la hora de exponer ciertos enredos políticos, pero, al mismo tiempo, no evita la confrontación.
* Jurado, en sus novelas, subvierte lo tradicional al asignar al personaje femenino el poder, desplazando la autoridad patriarcal, y mostrando a la mujer como segmento integral de una Nación que se reescribe en sus textos.
En general, hay un tono de encomio bajo el análisis que constituye la ponencia, mostrando la nueva cara de Panamá en la literatura. Bien por Paco, y bien por las letras panameñas.
¡Y felicidades a los trabajadores en su día, el próximo martes 1 de mayo! ¡Salud!
Que la palabra te acompañe.