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Luchan en Colombia para que campesinos olviden la coca


Con la Tinga María se aspira en grande, dice Wilmar Ospina, un campesino colombiano que cultiva la ilícita hoja de coca a pesar de la fumigación aérea que casi arrasó con sus cosechas en enero.
La Tinga María, variedad peruana de la coca que le da mayor poder estimulante a la cocaína, es también más resistente a las plagas que la boliviana, variedad que cultivaba hasta ahora Ospina en el valle de Guamés, en el suroccidental departamento de Putumayo.
Esta zona selvática y fronteriza con Ecuador, donde se enfrentan rebeldes izquierdistas y escuadrones paramilitares de ultraderecha imponiendo el terror en la región, es la fuente de casi la mitad de la cocaína que sale del país al exterior.
En una reciente visita a Putumayo, el presidente de Colombia, Andrés Pastrana, llegó a la zona para convencer a los campesinos como Ospina de abandonar el negocio.
El Plan Colombia de Pastrana, de 7.500 millones de dólares, es una estrategia de "zanahoria y garrote" que pretende ayudar a los labriegos a desistir de los cultivos ilícitos con subsidios para programas alternativos, pero también supone la amenaza de fumigar sus cosechas si no adhieren al plan.
Entre los incentivos para lograr que los campesinos arranquen las plantas de coca, el Plan Colombia ofrece a los labriegos suministros que incluyen una vaca y curíes, pequeños mamiferos roedores, parecidos a los ratones, que consumen como plato tipico los campesinos del sur de Colombia.
La mayoría de los fondos del Plan serán destinados a construir una infraestructura vial e implementar los servicios de agua y alcantarillado, así como a subsidios de alimentación y educación para remotos pueblos del sur de Colombia donde la presencia del Estado es casi nula.
NARCOTRAFICO FINANCIA LA VIOLENCIA
Pastrana, sudando por el sofocante calor reinante en el Putumayo, recorrió los pueblos la zona y sus estrechas calles tratando persuadir a la población de desistir del negocio de la coca.
"Tenemos que terminar con lo que financia la violencia en Colombia" dijo Pastrana a los habitantes de Villa Garzón, un pequeño pueblo conectado al mundo por polvorientos caminos entre la selva y las montañas.
El negocio de las drogas ilícitas hizo recrudecer la guerra que desde hace 37 años se libra en Colombia, donde los grupos armados de izquierda y ultraderecha han penetrado los territorios dejados por los desarticulados carteles de Medellín y Cali.
El dinero fácil obtenido por el narcotráfico alimenta el conflicto que dejó 40,000 muertos en la última década.
Colombia es de lejos el principal productor de cocaína a nivel mundial, con un producción -según un estudio reciente- de más de 800 toneladas anuales.
Pastrana, de 46 años, entregó los primeros desembolsos de los subsidios de alimentación para las familias más pobres de Villa Garzón, que incluyen el pago de 100 dólares por mes.
NI PARRANDA NI CERVEZA
Anunciando prebendas económicas que incluyen 10 dólares mensuales por niño para poder asistir a la escuela, Pastrana advirtió a los pobladores que no deben malgastar el dinero del Plan Colombia en cerveza y parranda.
El primer mandatario espera persuadir a los campesinos para erradicar más de 30,000 hectáreas de sus propios cultivos.El resto de los plantíos en Colombia, estimados en por lo menos 136,000 hectáreas, serán fumigados.
Pero desde que las fumigaciones comenzaron el pasado diciembre, los campesinos han sembrado plantas de coca tan rápido como avanzan los esfuerzos de erradicación.
Para muchas personas en el mundo, las palabras "Plan Colombia" evocan la imagen tipo "Apocalipsis Now", de un grupo de helicópteros acechando a los campesinos y a las guerrillas en zonas selváticas.
De hecho, Estados Unidos, en su lucha por frenar la llegada de sustancias estimulantes a su mercado, han aportado 1,000 millones de dólares en ayuda prioritariamente militar para respaldar la fumigación en un terreno donde los cultivos están resguardados por grupos armados.
Pero Pastrana argumenta que la mayoría del dinero -provisto por el gobierno colombiano, préstamos multilaterales y donantes extranjeros- es para el desarrollo de programas sociales.
"El Plan Colombia es una realidad. Nosotros ya obtuvimos los recursos", dijo Pastrana en Villa Garzón.
El presidente tuvo que suspender su visita a uno de los grandes ejemplos del Plan Colombia en el Putumayo: una planta de enlatado de palmitos cerca a Puerto Asís.
Después de años de retraso, finalmente el dinero del Plan Colombia sirvió para culminar la obra, que será la plataforma de sustento de muchos campesinos adscritos a los programas de sustitución de cultivos.
CULTIVADORES CREEN EN GOBIERNO
Rubián Ochaguendo, otro labriego inmigrante al Putumayo, firmó el acuerdo de erradicación para deshacerse de la última media hectárea que le queda con hoja de coca.
"Hasta ahorita el gobierno nos ha dado la espalda. En este momento contamos con el respaldo del gobierno, lo que antes no teníamos, así que la idea es dejar la coca", aseguró.
Ochaguendo afirmó que los altos costos de los pesticidas necesarios para la coca reducen sustancialmente la rentabilidad para los campesinos.
Si bien la hoja de coca no enriquece a los campesinos, continúan con el negocio por falta de oportunidades. La tierra y el clima del Putumayo no ofrecen la posibilidad de tener cultivos alternativos con los que se pueda ganar tanto dinero como con los de hoja de coca.
El gobierno local del Putumayo asegura que no hay programa de sustitución que reemplace las ganancias derivadas del tráfico de drogas, las que han convertido la zona en campos de batalla entre paramilitares y guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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