La ciudad de Panamá era, por los años cuarenta, un trozo de tierra que se extendía desde el Paseo de Las Bóvedas, en el barrio de San Felipe, hasta la Plaza 5 de Mayo, y sobre el cual estaban colocados asimétricamente bloques de edificios ordenados por las líneas que trazaban las pocas avenidas que la conformaban. Después de la estación del ferrocarril quedaban “las afueras de la ciudad”.
¿Ciudad? Sí, ciudad en el orgullo de sus habitantes, pero diminuta a la luz de las grandes metrópolis de ese tiempo. Los panameños que tenían la oportunidad de viajar en barco, que era la forma de hacerlo, comprobaban en su mayor intimidad, que el país de sus sueños -la patria entera que llevaban dentro del corazón- era efectivamente chica, un pueblito que apenas despuntaba, que podían recorrer, de principio a fin, a pie en menos de una hora.
¿Cómo fue posible que, en medio de las limitaciones de la época, Panamá produjera figuras egregias, hombres verdaderamente destacados, cuyos reconocimientos rebasan hoy las fronteras nacionales?
Recientemente hemos hablado con uno de ellos, el doctor Benjamín F. Boyd Díaz, un oftalmólogo al que el American Biographical Institute ha proclamado este año como una de las grandes mentes del siglo XXI.
Asumida el 24 de agosto pasado, la decisión aparece en una placa -una de las muchas que le han otorgado- pero sin duda la de mayor impacto y relevancia, y queda consignado que se ha seleccionado al profesor Benjamín F. Boyd M.D., como una de las grandes mentes del siglo XXI, debido a su gran capacidad y maestría como autor (ha escrito 32 volúmenes) y como maestro de cirugía. Y así aparecerá próximamente en la revista que edita la institución norteamericana con el nombre de Las Grandes Mentes del Siglo XXI. Cuando se busca el nombre de Benjamín F. Boyd en la web ese reconocimiento aparece en el link principal.
Lo he visitado recientemente en su apartamento de Avenida Balboa, allí se llega hasta la solemnidad de su despacho, y una pared de placas y galardones nos da la bienvenida. Él se ha preparado para el momento, y lo asiste atenta la señora Sheila Marengo, “una secretaria sumamente eficiente”, nos revela él y la atención que ella mantuvo durante las dos horas de entrevista.
¿Cómo fue posible que un panameño llegara tan alto? El maestro de las letras panameñas, Ernesto Endara, escribió a principios de este siglo la biografía de Boyd Díaz con el título: Por los caminos de la luz, vida y obra del Doctor Benjamín F. Boyd, en el contexto del homenaje que se realizó a la Patria en ocasión de su centenario. Allí destaca el interés mostrado los primeros años de nuestro entrevistado en la Duke University, donde estudió Medicina, y sobre todo el impacto de su primer día, cuando el decano recibía en grupos de cinco a los nuevos estudiantes:
“Cuando a Benjamín Franklin Boyd Díaz le tocó el turno de entrar en la augusta rectoría no se sintió amedrentado, sino emocionado. Era una emoción nueva. Estaría frente a frente a la cabeza de su facultad, escucharía sus sabias palabras y las atesoraría para siempre”.
Esa valoración inicial sería el producto de una constante que hizo ampliamente evidente el día que lo entrevistamos: vocación, que es para él la chispa que diferencia al buen médico del mediocre.
Hay que estudiar mucho –dijo- y a los años de estudios hay que sumar la vocación, y dar al paciente lo mejor de uno, como si uno mismo fuera el paciente.
Pero… ¿qué lo hizo optar por la oftalmología? Una vez concluyó medicina evaluó las llamadas “carreras limpias” dentro de la profesión. Se refería a aquellas donde es menor o casi nula la presencia de sangre, pero hubo sin duda un hecho que lo impactó y que lo hizo adoptar la profesión. Estando internado tuvo la oportunidad de asistir a un oftalmólogo en la atención de una señora, quien se iba a operar. Vivió todo el proceso de aquellos años, la preparación del paciente, la operación misma, las tres semanas de recuperación completamente vendados, hasta que llegó el día en que se quitarían las vendas: "… quitándole la venda a una paciente, una persona entrada en años, le vi una sonrisa tan agradable que me conmovió, y me dijo ‘Dios lo bendiga, doctor porque lo estoy viendo bastante bien, y antes no lo veía".
Recordó que esa operación se hizo en el Gorgas, cuando estaba en manos de Estados Unidos. Le tocó hacer la residencia, durante el tiempo de la guerra de Corea, a finales de los años 40.
Los heridos serios dijo- los traían por barco a Panamá. Establecieron aquí un gran hospital. Estados Unidos trajo aquí los mejores especialistas para la atención de aquellos heridos en estado muy grave.
díaD: ¿Cómo se desarrolla hoy esta profesión, hay quienes ven en algunos médicos un trato profesional y de vocación, en otros no. ¿Cómo evalúa esto, una autoridad como Usted?
BFB: El joven que va hacia la medicina para hacer dinero se equivoca. Puede hacer mucho más dinero a través de tantos años y de mucho trabajo en otra profesión. En general hay mucho médico mediocres, pero así también hay muchos médicos buenos. Hay una cosa que quiero aclarar: si usted toma una población de mil norteamericanos que no son médicos y mil panameños, y evalúa la cantidad de médicos que debe existir por personas, le aseguro que aquí hay mejores médicos que en los Estados Unidos.
díaD: Pero a menudo cuando algún familiar se enferma hay quienes prefieren llevarlo a Estados Unidos.
BFB: En Panamá hay excelentes médicos. Es una lástima y un error, muy grande, que algunos ciudadanos panameños, cuando se enferman y ven que no se curan de una vez, su familia se lo lleva para Estados Unidos, gastando un dineral. Estaría mejor el paciente aquí. Eso sí, la familia y el paciente tienen que saber cómo escoger el médico, ahí está la clave. Lo único en que nos aventaja la medicina en países desarrollados como Estados Unidos, es en el equipo, lo que llaman por allí “tecnología de punta”.
díaD: ¿Puede una persona resumir una época? Claro, sobre todo si ha tenido la dedicación y la tenacidad del Doctor Boyd. Treinta dos volúmenes sobre oftalmología escritos por él así lo confirman, sobre todo si son puntos obligados de referencia en cualquier punto del planeta.
BFB: “Vine a saber por primera vez de Ben Boyd como autor de Highlights of Ophtalmology, durante mi primer año de especialización en oftalmología en Melbourne, Australia, algunos de mis superiores me orientaron hacia una colección de pequeños panfletos impresos en papel cebolla(…) A pesar de que no tenían un aspecto muy imponente, constituían una fuente extraordinaria de información y conocimientos, fortalecida por una profunda sabiduría”. Quien así escribe es Hugh Taylor AC, MD, profesor y jefe de Oftalmología de la Universidad de Melbourne, Australia, y director del Centre for Eye Research de ese país.
díaD: ¿Cuánto ha cambiado la oftalmología en los últimos años?
BFB: Imagínese que a usted se le esté poniendo la visión cada vez más oscura, debido al desarrollo de una catarata. La catarata es una opacidad el cristalino del ojo, que enfoca todo lo que vemos a nuestro alrededor. Cuarenta años atrás una operación de cataratas consistía en desintegrar la catarata, poco a poco lavar adentro del ojo, sacar los pedacitos que quedaban, y prevenir peligros de infección o de daños dentro del ojo. Luego se ponía un vendaje alrededor de la cabeza, y el paciente debía guardar cama con dos saquitos de arenas a ambos lados de la cabeza, no se podía mover siquiera. En esa posición tenía que estar por lo menos tres semanas, sin poder moverse. Era un periodo de mucha debilidad, y un reto para el sistema nervioso. Esa era la operación de Cataratas entonces. Hoy Usted va a una clínica, con un equipo formidable, que vale muchísimo dinero, y se realiza la operación con un equipo especial y una técnica especial que ha venido evolucionando durante los últimos 40 años, hasta llegar al punto de hoy. Termina la operación, se quitan las vendas y se le pone un poquito de ungüento antibiótico, y el paciente se va para su casa. Puede quedar allí con alguien de la familia, en un saloncito para que el médico pueda verlo una dos o tres horas, y después se va para su casa. ¡Dos o tres horas después de la operación, versus tres semanas sin poder moverse! ,ese es el adelanto en la oftalmología.
díaD: Y sin duda en la evolución de ese proceso ha tenido que ver el propio Doctor Boyd. El proceso del que nos habló lo describe precisamente en su último artículo para la Web. ¿Qué mensaje le da la juventud a los nuevos médicos?
BFB: “Todos los que ansiamos ser médicos y tener éxito en el ejercicio de esa profesión noble necesitamos por fuerza esa vocación, sin eso, la persona no llegará a otra cosa que a una mediocridad. Por consiguiente si uno quiere ser un médico, cuyos esfuerzos valgan la pena, entonces el mensaje que doy a los médicos en formación o a los que ejercen oftalmología, es ejercerla para quererla”.