Decenas de miles de hinchas sin entradas se congregaron fuera del estadio varias horas antes del comienzo del choque para asegurarse de tener el segundo mejor sitio, después de los asientos del campo, para ver el partido del siglo: un sitio frente a la enorme pantalla de televisión que se había instalado fuera del recinto. Y en cuanto empezaron a llegar los aficionados, dio comienzo la fiesta.
La música atronaba en varios altavoces gigantes repartidos por todo el Parque de la Copa Mundial, junto al estadio de 65.000 localidades, y la gente bailaba y aplaudía, deteniéndose sólo para cantar los conocidos “Ko-Ko-Korea” y “Taeha Minguk.”
La policía emitió una declaración antes del encuentro indicando que esperaba que alrededor de siete millones de coreanos saliesen a las calles para ver el partido en las miles de pantallas gigantes que se habían montado por todo el país.
De esos siete millones, se preveía que un millón se reuniese fuera del estadio. Choi Yong Chul fue una de las personas que llegó a la hora de comer. “Quería asegurarme de poder estar aquí. Fue imposible conseguir una entrada para el partido, pero quería empaparme de la atmósfera del estadio. Por eso he venido aquí”.
Entre el público, mayoritariamente coreano, había repartidos pequeños grupos de extranjeros. Entre ellos se encontraba incluso un puñado de seguidores alemanes. Lutz Meier explicaba que tenía una entrada para el partido e iba a verlo en el estadio.
“Pero antes de ir a mi asiento, quiero palpar un poco la sensación de estar aquí fuera. Esto es increíble. ¿En qué otro lugar del mundo pueden ir los aficionados a un partido y estar con un grupo de los hinchas del equipo contrario sin sentirse intimidados? Aquí, en esta Copa Mundial, todo el mundo es muy amable. La gente viene todo el tiempo a sacarse una foto a mi lado y a hablar conmigo, pero no hay ningún jaleo”.