Describiré el triunfo de ayer de Panamá sobre Marruecos, en su debut en el Mundial de Futsal de Tailandia, como la victoria más contundente y presentación más completa de una selección istmeña en un torneo FIFA.
Antes de iniciar el Mundial, tuve la oportunidad de conversar con el técnico del equipo, el profesor Agustín Campuzano. En medio de una entrevista que me concedió aquel día, me dijo dos cosas que me quedaron en la mente: “creo que Marruecos es el que sobra en nuestro grupo” y “no me gusta ir nunca con la carta de perdedor”.
Este es el mensaje de un ganador y seguro es el que contagia a sus muchachos. Seguro que su discurso tuvo mucho que ver en el despertar que tuvo el quinteto canalero en el segundo tiempo de ayer ante Marruecos.
Panamá lució grande, imponente. Ver jugar a estos guerreros por su camiseta eriza la piel. Se dejaron el alma en la cancha, creyeron en su idea y con un fútbol champán terminaron goleando y adueñándose del primer lugar de un grupo que tiene a España, uno de los dos grandes favoritos del certamen (el otro es Brasil).
La exhibición de Panamá le da la razón a Campuzano: Marruecos sobró.
Qué lujo tener un seleccionado como este y a un estratega que siempre va de frente, sin ser polémico, pero tampoco huyendo al compromiso de ganar, independientemente de qué rival tenga en frente.