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Más dramático, más alegre, más auténtico

“Los aficionados buscan inspiración; los demás nos levantamos y nos ponemos a trabajar” Roth Londres 2012 pudo haber sido mi Olimpiada dorada. Quise inscribirme


Ernesto Endara (Escritor) / Escritor

“Los aficionados buscan inspiración; los demás nos levantamos y nos ponemos a trabajar” Roth

Londres 2012 pudo haber sido mi Olimpiada dorada. Quise inscribirme el mismo día en que se inauguraron los Juegos. Hice averiguaciones con Dondilipio, Tito Piedra, Machuque Ortíz y Pepe Muñoz, todos coincidieron en que el único que me podía inscribir era Melitón, pero no estaba en Panamá. Ellos tampoco estaban muy seguros de que podría participar en la especialidad en la que yo me sentía invencible: la gripe olímpica. Mi amigo, el doctor Anel, me aseguró que nadie podría batir en Londres los cinco aros de mi monumental catarro. Me quedé con ganas de estornudar en Trafalgar Square y ser acusado de quinta columna. Otra vez será. Desde el sofá, estremezco el barrio con mi tos de 48 decibeles. Los Juegos continúan. Los pillo en los Canales 4 y 9. Todavía no descifro el complicado logo británico.

Utilizo parte del destructivo poder de la gripe para aumentar mi empatía televisiva. Me fue fácil zambullirme en la piscina tras la tercera medalla de oro de Michael Phelps. Por las ondas del agua me llegó la autenticidad de su tremenda alegría.

Con disimulo toqué las prótesis de carbono en ambas piernas del sudafricano Oscar Pistorius, que materializó su sueño olímpico. No ganó medalla, pero ganó medalla al pasar la primera eliminatoria de los 400 metros. ¿Quién le prohibirá participar en las competencias para la próxima cita en Brasil? Afirma Tito Piedra que si nuestro máximo atleta Saladino hubiese gastado zapatillas black'n white siete y medio, en vez de sus número nueve, no hubiera pisado tres veces la vara vino tinto prohibida. ¿Nos desilusionamos? Claro que sí, pero él seguirá siendo la más alta nota de nuestro deporte por muchos años. Los Juegos están diseñados para eso para dejar atrás los fracasos, para vencer temores inmediatos, como hizo Murray con su raqueta invencible y logró entonar el himno del oro dejando por el camino abatidos a los mejores de su tiempo. Nunca vi en una mujer tal concentración de potencia, como en la enérgica Katerina que rompió record en halterofilia. Los juegos premian al más fuerte, al más rápido al más diestro. Pero también hay otros premios, como el abrazo que recibió el corredor de fondo de Gran Bretaña, Mohamed Farah, al ganar los 10 mil metros, cuya hija se coló en el campo y le dio un abrazo inefable, mundial, irrepetible.

Termina la que pudo ser mi Olimpíada, y todavía no trago el logo.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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