En 1935 una editorial le propuso al historiador austriaco Ernst H. Gombrich, que escribiera una historia del mundo, pero una historia del mundo para niños. Con 26 años, graduado de doctor en historia del arte y desempleado, Gombrich escribió las 300 páginas de su primer libro en tan solo seis semanas. Desde aquella hazaña literaria, “Breve historia del mundo” vendió más de medio millón de copias y Gombrich trabajó como profesor en las prestigiosas universidades Oxford, Harvard y Princeton.
Cuando Pierre Boulez nos deje, habrá desaparecido el mejor músico de nuestra era y uno de los mejores de toda la historia de la música. Parte del problema de la música de hoy, dice Boulez, es “buscar soluciones en el conservadurismo imperante del pop o el rock.” Y mientras prefiramos el reguetón a “El martillo sin maestro” o “Pli selon Pli”, estaremos cavándole la tumba más hondo a lo que realmente tiene valor y pesa en la cultura musical de nuestros días. Es posible que las dos obras de Boulez, ni siquiera sean parte de las mejores bibliotecas del país.

En una carta desde Barcelona, Roberto Bolaño le decía a su mejor amigo —el poeta mexicano Mario Santiago Papasquiaro—: "Durante 1992 y 1993 he estado internado en el hospital seis veces. Las enfermeras me conocen y celebraban mis entradas y salidas con Anís del Mono”. Bolaño moriría en 2003, de una insuficiencia hepática.
En Nueva York, todos los días pasaba por el edificio en el que murieron 123 mujeres costureras. Para que no tomaran descansos que menguaran la producción, era costumbre encerrarlas donde trabajaban. Tras el ominoso incendio, del octavo, noveno y décimo piso saltaron a la muerte 50 mujeres, a una de ellas —en un acto de amor desesperado— se la vio besar a un hombre antes de precipitarse ambos al vacío.

"In girum imus nocte et consumimur igni” (Damos vueltas en la noche y somos consumidos por el fuego). La frase en latín, leída de adelante hacia atrás o de atrás hacia adelante, conserva el mismo significado. Mauricio Kagel, compositor argentino y figura importante de la música de vanguardia, se inspiró en este palíndromo para componer su obra "Anagrama", donde utiliza cuatro solistas, un coro que habla pero no canta, y un grupo de cámara.
Dice Homero en la "Odisea” que el sexo las vuelve locas, pero lo que narra con humor pone en duda su juicio. “Un fenicio que la encontró lavando, unióse con ella en amor y lecho, lo cual le turba la razón a las mujeres, incluso a las que son más hacendosas. Luego le preguntó quién era…”. O sea, la violó.

