Guatemala se mantiene en estado de máxima alerta tras el sismo del domingo, que dejó 37 heridos leves y cuantiosas perdidas materiales en la costa atlántica, mientras el litoral del Pacífico sufre los embates de una depresión tropical.
El presidente de Guatemala, Alvaro Arzú, aseguró ayer en una rueda de prensa que la situación se ha normalizado en el Caribe, la zona más afectada por el sismo que tuvo una magnitud de 6,1 grados en la escala abierta de Richter.
Según el jefe de Estado, sólo 37 personas resultaron con heridas leves y ninguna fue hospitalizada, mientras que la energía eléctrica que quedó interrumpida tras el fenómeno ya ha sido habilitada en un 90 por ciento.
Tanto Arzú como el director ejecutivo de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED), Jorge Ayala, negaron que el fuerte temblor haya provocado muertes.
Fuentes de la CONRED explicaron que un hombre no identificado murió en circunstancias aún no esclarecidas en Izabal a causa de una inundación.
El presidente lamentó algunas informaciones "alarmistas" que se registraron el domingo porque, dijo, el sismo no causó grandes destrozos y ello ha originado que varios paquetes turísticos se hayan cancelado. "Todo está funcionando, las pistas, los hoteles y las carreteras están bien", afirmó el mandatario.
Sin embargo, en el departamento de Izabal, el área de mayor influencia del fenómeno sísmico, 35 casas resultaron con daños y también hubo hundimientos en algunos tramos de la carreteras, según el informe de CONRED.
El viceministro guatemalteco de Comunicaciones, Transporte y Obras Públicas, Jorge Franco, aseguró a