En un ambiente atestado de polvo y escombros, encontramos al sacerdote Leonel Méndez en la iglesia San Juan Bosco de Pedregal, haciendo lo que antes hizo en Los Andes y Tocumen: tumbar viejas estructuras y construir nuevas esperanzas.
El padre Méndez es conocido a nivel nacional por haber sido miembro de la “Comisión de la Verdad” y por ser un crítico a ultranza de los políticos corruptos y de la sociedad indolente. Ahora, mientras supervisa los adelantos que realizan sus albañiles para la reconstrucción de su nueva parroquia, piensa en una nueva obra personal. Se trata de la publicación de un libro que contendrá toda su obra pictórica y que pudiera ser el último cuadro de su vida.

Y, aunque le interesa hablar de este nuevo proyecto, no niega fuego cuando se le pregunta sobre la situación social del país, al tiempo que advierte a los políticos de que no les tiene miedo, porque él es empleado de Dios y no de ellos.
¿Qué lo motivó a idear un libro?

Comencé a pintar a los 9 años. Tiempo después llegué a Panamá desde Nicaragua. Y lo primero que hice fue ir a la escuela de artes plásticas donde me gradué y desde ese tiempo he ido pintando infinidad de obras. En los lugares que he trabajado como sacerdote, he dejado obras: en Los Andes, Tocumen, donde hay un mural que hice con Alvis Cerrud y toda la obra que hay en Tocumen es mía. Ahora estamos en la iglesia de San Juan Bosco en Pedregal y creo que es oportuno ir recopilando todo el trabajo que he hecho, que incluye más de mil cuadros desde la década de los 80.
¿Cómo conciliar el ser sacerdote con el tema del arte y el libro?

Yo pinto cuatro horas al día, dos horas en la tarde y dos en la noche. Se me ocurrió la idea de recolectar fondos para hacer un libro, primero para aportar algo a la sociedad, al mundo, porque creo que un aporte bueno a la sociedad es el arte, ya que hoy hay una gran crisis humana, nuestra sociedad está disoluta y muchas veces vivimos criticando de que el país está mal, la política está mal, pero nos quedamos solamente en la crítica, en el juicio, y no aportamos. Entonces surge esta idea de aportar algo para mostrarle a la gente lo que uno cree que le gusta. Para mí, el arte es una vocación, igual que lo es el sacerdocio. Y también el arte es un trabajo, una profesión. Así también se ayuda a que la gente no vea al artista como una persona bohemia, como una persona que lo hace para pasar el tiempo, sino que lo vean como una profesión. Si nosotros tomamos en serio esto, podemos vivir del arte. Junto con los otros compañeros, con quienes nos reunimos, ha surgido la idea de hacer un libro.
¿Cuál será el contenido?
Será solamente con las obras de arte, pintura y una reseña de mi biografía. Yo nací en Nicaragua, mis padres son nicaragüenses y debido al servicio militar, yo tuve que emigrar.
¿Qué le hace pensar que esa publicación tendrá éxito?
La experiencia que tengo me indica que hay una poca valoración del arte. Las galerías que exponen arte cobran una gran cantidad a los pintores por exponer sus obras y también hay un gran desconocimiento de los pintores. La esperanza me hace creer que pueda tener éxito, no importa qué suceda, lo que hay es que tener esperanza. Igual ocurre cuando llego a una parroquia y la gente se pregunta sobre cómo vamos a hacer para empezar, pero si uno tiene fe, si uno cree, las cosas salen.
¿Piensa comercializar el libro?
No. Cuento con mis amigos. Si puedo reunir el dinero con mis amigos y vendiendo obras, creo que puedo recaudar los 5 mil dólares para que salga el libro, que seguramente será un gran aporte..
¿Esta iniciativa implica entrar al mercado como uno más?
Esto va a ser interesante porque la gente solo tiene conocimiento de algunos pintores, son los que siempre ven, y ellos en el fondo piensan que solo existen esos. Pero no, es un tema muy difícil porque está basado en manchas.
¿Qué significan las manchas?
Las manchas tienen que significar algo. Las manchas son como lo espontáneo del alma del ser humano. Es darle forma a las manchas limpias, no cualquier mancha. En los cuadros, sean abstractos o surrealistas, como ejemplo, uno bodegón que hice, la gente que lo ve sabe que es un bodegón, a pesar de que está basado en manchas. Otro ejemplo es un cuadro donde aparece un barco en alta mar, porque yo siempre he simbolizado la Iglesia como un barco en altamar sacudida por los vientos , pero nunca se va a hundir la Iglesia, porque la Iglesia es de Dios, su fundador es Jesucristo y los personajes que aparecen en cuadro son los apóstoles que están halando de un lado a otro, pero van hacia adelante.
¿Qué hay en sus obras que los panameños no hayan visto ?
El arte es tan amplio, y hay que hacer que la gente sepa de otros artistas como Isaac Santana, un campesino cuya obra es muy buena; hay otro artista que se llama Leonardo Jordán y está Roosevelt Díaz, que son muchachos que constituyen la gran esperanza para el país en.
En el caso suyo, ¿le parece que le ha faltado aceptación en los círculos artísticos?
Mi arte lo hago convencido de que estoy haciendo algo que me gusta y que me siento bien haciéndolo. Que a la gente le guste o no, no me importa. Lo hago consciente de que es una obra buena.
Pero entre la gente que sabe de arte, ¿cómo lo reciben?
Entre la gente que sabe de arte, es bien aceptada. Por ejemplo, Alvis Cerrud, un profesor de la Facultad de Arquitectura, me compra mi obra, la comenta y la colecciona. Igual la Ciudad del Niño me ha encomendado un cuadro, incluso monseñor Ulloa tiene obras mías, el padre Manuel Villarreal. Esto tiene su gente, gente muy especial, igual que hay gente que prefiere un tipo de vida, hay gente que prefiere mi obra, porque mi tema es religioso, sensible.
¿Cómo concilia su actividad religiosa con el arte, precisamente, considerando que su obra tiene mucho de religioso?
Mi obra es religiosa; no me canso de decirlo. El primer artista es Dios. Él es el que ha hecho todo, ha hecho al hombre, la naturaleza, así que mi obra tiene que ver son eso, pinto mucho el rostro de Dios; pinto muchos corderos, caras con los ojos cerrados. A mí me conmueve mucho el sufrimiento del hombre, la pobreza, la delincuencia, el hogar, y ese más que todo es mi tema.
¿Qué espera de este libro?
Es como el último cuadro de la vida. Todos los días digo eso, ese va a ser el cuadro más grande de la vida.
¿Por qué?, ¿le teme a algo?
No. Sencillamente no sé si mañana voy a amanecer vivo. Mientras tenga vida, tiene que ser el mejor cuadro, el cuadro de mis sueños.
¿Se siente a gusto con este traslado de Tocumen a la parroquia de Pedregal?
Nosotros los sacerdotes hacemos un voto de obediencia, vamos donde el obispo nos manda. Así que mientras yo sea sacerdote, que creo que voy morir siéndolo, obedezco, y donde me mande el obispo, allí tengo que ir.
¿Por qué se decidió a reconstruir la iglesia de Pedregal?
Esta iglesia fue fundada en 1948. Está en ruina total. Las luces, el sistema de cañería, las paredes; todo estaba agrietado. La iglesia es un signo, y no puede ser que algo que es un signo de vida se esté destruyendo, por eso desde el mismo día que entré empecé a derrumbar las paredes y a hacerlas nuevas.
¿Cuánto cuesta en total el trabajo?
Hasta este momento, hemos invertido 125 mil dólares, pero calculo que para que al final quede como lo esperamos, hace falta un millón y medio de dólares. Yo estoy aquí por seis años y voy a hacer hasta donde llegue. El otro que venga continuará.
Usted que viene de la parroquia de Tocumen, ¿hay similitudes con Pedregal?
Creo que hay que reforzar la familia. Los jóvenes son víctimas de un sistema bastante cruel. No les podemos pedir a los jóvenes honradez; si el sistema es corrupto, no permite la honradez. El “juegavivo” y la agresividad imperan. Es una cultura de muerte. Creo que uno de los aportes sería reforzar a la familia.
Pero ¿es más difícil Pedregal que Tocumen?
Digo que Tocumen es mucho más fuerte. Me parece que en Tocumen hay un problema real y fuerte de drogas. Son estos barrios periféricos donde hay que trabajar. Es una bomba de tiempo. Estos barrios en Tocumen, Pedregal, San Miguelito, la 24 de Diciembre son una bomba de tiempo. Son sectores en los que se ha perdido la autoridad, y cuando se pierde la autoridad, lo que impera es la ley del más vivo. Eso es lo que está pasando en Honduras, Nicaragua, México y Guatemala, donde se está perdiendo la gobernabilidad. Y cuando no hay gobernabilidad, sobrevive el más fuerte.
Si estalla esa bomba, ¿cuáles serían las consecuencias?
La gente está perdiendo la esperanza. Por eso les digo que tienen que sacar el niño que llevan adentro. Tiene que sacar el artista que llevan adentro, pintar su mejor cuadro, y buscar a Dios. Pero un pueblo que no tiene cultura no sabe para dónde va. Nos falta mucha cultura política. ¿Quiénes son los que han ganado aquí siempre?, los mismos y la gente lo ve como nuevo. Qué tristeza que la gente haya perdido la capacidad de identificar lo que es bueno de lo que no lo es. Lo que es malo la gente lo ve como líder. No quiero entrar en conflicto, pero yo considero que el sistema que pone como líder al que hace parques, ese es un mal ejemplo, una historia mal llevada, y mientras sea mal llevada la historia, el hombre no tendrá salida.
Hay quienes dicen que la gente vota por quienes se le parecen. ¿Qué piensa al respecto?
La gente vota por una libra de arroz o un saco de lenteja. No tiene la cultura para eso y los políticos vivos sacan provecho de la parte visceral de uno. Utilizan el hambre y la mentira para llegar hasta donde han llegado.
¿Siente resentimiento de los políticos?
A mí me han chantajeado bastante los políticos. Porque yo, abiertamente les digo que son unos corruptos. Que no es justo que estén toda una vida en la Asamblea como si fuera una teta, habiendo tantos jóvenes, tanta gente diferente. ¿Por qué tienen que ser ellos nada más?
¿Se ha sentido amenazado por algún político?
He tenido conflictos grandísimos con los políticos. He sido ofendido y amenazado verbalmente.
¿No lo han perseguido?
Ojalá que lo hagan. Yo no tengo miedo. Yo soy un empleado de Dios, no de ninguno de ellos. Yo le hago caso a Dios, no tengo por qué hacerles caso a los hombres.