SI no comprendes una mirada, no entenderás una larga explicación Proverbio árabe (De Radamés…)
El último día de Radamés es un libro con cargas de profundidad. Es el relato de un pensador, jacarandoso y osado que, sintiendo que va a morir, emplaza a Dios y le expone sus quejas. Lo apabulla culpándolo de los dolores del mundo. Le dice claramente que Él, como inventor, le debe ciertas correcciones. Exige que ponga en los cerebros de los gobernantes (aunque sea milagrón) cordura, honestidad y suficiente inteligencia como para hacer feliz a la mayoría. Apoyado en sus conocimientos de genética, el autor, mi querido amigo Francisco Restom Bitar, anima a Radamés a pedirle a Dios que rediseñe al hombre: Nada de barro mal cocido –le dice– ni de falsas costillas. Le sugiere que los radicales libres sean puestos en cintura para evitar que se produzcan en exceso. ¡Bravo, Radamés! Me detengo un minuto para rascarme la espalda con la manito que compré en El Sol de la India. Sigo para estremecerme con su última pregunta: «¿Es verdad que en el reino de los cielos moran once mil voluptuosas vírgenes esperando a hombres bien portados como yo? Radamés no pudo comprobarlo porque el amor le devolvió la vida.
A otra cosa, mariposa. ¿No han visto ustedes en las librerías a una mujer desnuda con una mariposa aleteando sobre su nalga derecha? Portada y título son tentadores: El lunar eterno. Seguro, seguro, encontrarán el libro en Exedra y en los supermercados R/S. Su autor es Javier Riba, sobrino de venas fantasiosas, enigmáticas, revolvedor de teorías. Se metió con la Segunda Ley. ¿Aceptaremos mansamente que en el Universo todo está sometido a lo irreversible y a la entropía? Es otro libro. Vuelvo a la mujer de la portada. ¿Quién es? Es La Mujer la que el autor abraza para abrazar el universo y descubrir el misterio de la vida. Eres cómplice de Erich Fromm y de una hermana de Eva Perón que cayó como estrella fugaz en México. ¡Dificil es que se cumplan tus sueños de cambiar el corazón humano, Javier! Pero aquí está tu teoría. Le metes zancadillas al tiempo y lo haces repetir historias al conjuro de las palabras. Desde los hambrientos tigres con dientes de sable, hasta el infeliz policía mexicano, ávidos de carne humana, paseas al lector por un universo condensado en 435 páginas. ¡Vaya libro que disparaste, Javier!