Médicos forenses que trabajaron para la policía bonaerense durante la dictadura militar argentina (1976/1983)brindaron la víspera escalofriantes testimonios sobre los casos de más de dos mil desaparecidos, ante la Cámara Federal (Apelación) de la ciudad de La Plata (capital de la provincia de Buenos Aires), se anunció oficialmente ayer.
Los médicos Luis Ernesto Gelemur, Carlos Pío Crossa, Néstor de Tomas, Hid Aponell y Raúl Canestri explicaron que era habitual en la época firmar certificados de defunción de cadáveres sin ver los cuerpos, al declarar en la tercera audiencia del año para conocer el destino de más de dos mil desaparecidos en la ciudad de Buenos Aires y en la región.
Los llamados "vuelos de la muerte", en aviones desde los cuales se arrojaba a los secuestrados drogados y con vida al río o al océano, fueron revividos en la sala.
Luis Ernesto Gelemur dijo que "durante los años de la dictadura creció considerablemente el número de muertos por causales violentas, aunque a los cuerpos sólo se les realizaban las autopsias si eran solicitadas por el juez interventor en el caso.
Yo integraba el cuerpo de Sanidad y mis funciones se correspondían con la realización de los estudios en la Morgue".
Desestimó por otro lado la necesidad de realizar las pericias en la mayoría de los cuerpos "porque -señaló- las causas de la muerte eran evidentes - mostraban impactos de balas o poli traumatismos -, y si no lo solicitaba el juez no teníamos por qué hacerlas".
También admitió que "la mayoría de los cuerpos presentaban síntomas de pérdida de masa encefálica" y que "en ese período sufrí de hipertensión producto de la tensión en que se vivía".
Pío Crossa - quien ejerció funciones 17 años en la Comisaría de Berazategui, a partir de 1976- indicó que "se realizaban autopsias en las funerarias Ortelli y Cuellas, mayor cantidad en las primeras, además de las efectuadas en la comisaría".
Aunque aclaró que, "en todos los casos se daba la identidad del fallecido. En caso de no contar con ella, se tomaban las huellas dactilares. Si el estado de descomposición era avanzado, se amputaban ambas manos y se enviaban para su análisis".
En el racconto de las pericias en las que participó, Crossa relató que "realicé estudios a una joven de unos 25 años, de tez blanca, cabellos castaños claros abundantes, que vestía un vaquero y una camisa rojiza o marrón. La causa de la muerte era destrucción de masa encefálica".
Recordó un caso, que "me llamó poderosamente la atención, porque era el primero de este tipo. Fue en septiembre de 1978 cuando apareció en la ribera de(arroyo) Hudson el cuerpo de un hombre de unos 40 años, que tenía fracturas generales.
Indudablemente había caído de alturas acentuadas, pero no hay árboles en la zona, por lo que debía haber caído desde un avión".
Asimismo, durante su exposición de más de una hora, el médico describió el hallazgo de "dos cuerpos atados a un elástico de metal, enfrentados en forma invertida, que flotaban en la ribera de Hudson, pocos días después de la revolución (golpe de Estado) de marzo de 1976. Indudablemente la causa era por inmersión, pero de todos modos se hizo la autopsia correspondiente".
La semana pasada declararon los médicos Roberto Dossena y Roberto Siaffardo, quienes explicaron que en la guardia de la morgue se chequeaban las causas de muerte y en su mayoría los cadáveres ingresaban con pérdida de masa encefálica.
Pese a que la ley de medicina establece que el médico tiene obligación de denunciar los cadáveres que presentan signos de muerte violenta, los médicos reconocieron que en esa época eso no se hacía.
Todos los médicos de policía que declaran en este juicio lo hacen en carácter informativo y no pueden ser procesados por sus dichos.
La agrupación HIJOS, integrada por hijos de detenidos desaparecidos, solicitó frente al edificio de la Cámara Federal "que los médicos sean procesados por su accionar".