No podemos dejar pasar la oportunidad de reseñar el sencillo, pero sentido acto que se realizó ayer en el hipódromo, en el que fueron exaltados 33 figuras al Salón de la Fama de la Hípica Panameña.
Debemos confesar que, si bien es cierto, estábamos convencidos de que todos los seleccionados tienen los méritos para ser distinguidos, no teníamos idea del impacto que una escogencia de esta índole puede tener en el ánimo de quien la recibe.
Desde nuestra posición en la mesa principal, en calidad de Secretario de la Junta Directiva del Comité del Salón de la Fama, observamos y escuchamos a gente con palabras realmente sentidas, en unos casos fueron los homenajeados y, en otros, quienes asistieron para representar a los que no pudieron estar por razones personales o a los que se nos adelantaron en el camino hacia lo ignoto.
Hubo un denominador común en todas las intervenciones: la esperanza.
Sí, se reconoció que hubo tiempos mejores, y también que es incuestionable el aporte que han hecho, a través del tiempo, muchos propietarios, criadores, jinetes, comunicadores y, especialmente, los pencos de carreras que son parte de nuestra historia y cultura, tras casi 90 años de actividad hípica.
Necesitaríamos varias columnas para reflexionar sobre las palabras que dijeron ayer José A. Pérez, José A. Alessandría, Erdulfo Restrepo, Isaac Tawachi, Carlos Salazar, Félix Rodríguez Mafla, Alejandro Posse, Ricardo Paredes y Alexis Solís, entre otros.
Pero nos queda la satisfacción de que, indistintamente de que a veces no vayamos por el mismo camino en cuanto a nuestra forma de ver las cosas, a todos nos mueve una pasión y un deseo genuino de que la hípica panameña no muera.