El fútbol es un deporte demasiado científico. Por ello los “misters” hacen sacrificios por un objetivo. Un técnico siempre será juzgado. Ellos lo saben, es parte del trabajo.
A veces a los grandes clubes les llega un técnico emblemático, que se convierte en un antes y después.
Lo fue Johan Cruyff en aquel gran equipo Catalán y lo es Sir Alex Ferguson en el Machester United. Hombres que nadie puede cuestionar por un segundo su calidad. Hacerlo es simplemente pecar.
Ayer, Ferguson en sus declaraciones corrobora nuestra idea visual del juego: salió a empatar.
Una lástima porque el amigo de tres letras no llegó. En dos juegos de semifinales sólo se ha dado un gol legítimo. Cifra triste. ¿Culpa de los técnicos? Los partidos de vuelta lo dirán. Así será.