Es viernes. La Tumba Muerto está insoportable. Mucho antes del mediodía, una larga cola de vehículos se extiende por la vía con choferes -en su mayoría-, desesperados y hambrientos. Uno de ellos soy yo. Es la 1:11. Tengo reunión en 19 minutos y, como me he autoproclamado el “rey de la puntualidad’, quedo preso de la desesperación.
De repente suena mi celular, qué fastidio. Contesto y me dicen: “Señor Egbert, disculpe que lo moleste en su almuerzo, pero hay unas personas esperándolo”. Para mis adentros me decía, ¡vaya almuerzo!
Me sorprende la llamada y las visitas, pero aviso que si todo sale como lo tengo pensado, en 15 minutos llego. Me informan además, que quienes me esperan son de la Escuela de Artes Plásticas del Inac. A mi mente llega el recuerdo de que días antes recibí una nota en la cual me invitaban para participar de la ‘Expo 100° Aniversario’ de dicha dependencia.
La actividad consiste en crear una obra pictórica sobre un tema libre –menos desnudos- que se exhibirá en un centro comercial y, a la vez, demostrar que “todos somos artistas”.
Confieso, que aparte de los garabatos que hice para ganarme una nota en mis tiempos de colegial, nunca he tenido apego al dibujo ni, muchos menos, a la pintura. He preferido hacer imágenes con palabras.
De vuelta al tranque, se presentó la oportunidad de poner en práctica las dotes de taxista que todos hemos desarrollado para sortear el tráfico, y me cuelo entre vehículos para tomar un atajo que facilite mi arribo. Así lo hice, y a las 1:29 estaba donde debía estar.
Atiendo a mis visitas, quienes me reiteran la invitación para que pinte. Me entregan un lienzo y una bolsa de pinceles. Que si acuarela, tempera o acrílico, eso lo decido yo.
Ahora tengo unos pinceles y un lienzo sobre el cual debo confirmar aquello de que ‘todos somos artistas’ en una obra de 40.64 x 40.64 cm, y que debe estar lista en dos semanas. Como el tema es libre, se me ocurre reflejar el tranque, la desesperación y la impaciencia o quizás algo más amable como una flor o el rostro de una niña. La verdad es que no sé por dónde comenzar, pero de algo estoy seguro, si el viernes encontré una ruta para arribar a tiempo, cuando llegue el momento, ese cuadro estará listo, aunque solo sea una línea recta, sin desvíos, que es mi ideal de la vida y de la manera que uno debe conducir y conducirse.