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Mi papel es defender la música y la cultura


Esta semana salimos en busca de “El Escorpión de Paritilla”, Osvaldo Ayala. La misión fue más fácil de lo que sospechamos, aunque en el interín hubo que sortear un imprevisto que sirvió para descubrir la que quizás sea una de las claves que lo han catapultado y sostenido en el pináculo del éxito: es un hombre de palabra, de compromiso.

Un malestar inoportuno lo obligó a cancelar la primera cita, pero el día siguiente, a pesar del clima hostil y de que en agenda tenía un compromiso musical, hizo un apartado para entrevistarse con nosotros y referirse a temas diversos.

 

Al final del diálogo, que se dio en la intimidad de su hogar, quedó claro que por su mente no pasa la idea de jubilarse, que prefiere los aplausos de los bailadores que la censura de los electores y que, además de música y baile, también se mantiene al corriente de los vaivenes de la economía mundial porque al fin y al cabo, es un hombre de negocios y es economista.

¿Qué representan estos 40 años de vida artística?

Ha sido una carrera de muchos retos, muchos objetivos trazados y gracias a Dios que logramos cumplir muchas de las metas que nos propusimos cuando empezamos nuestra carrera en el mundo artístico por allá por el año 70. Nos sentimos agradecidos con Dios y de la gente que nos ha apoyado porque no es fácil mantenerse 40 años en el corazón de los panameños.

 

¿Qué hay diferente en la celebración de los 40 años con respecto a los 10 o los 25?

Los años nos dan experiencia y mayor sabiduría para ver las cosas en su justa dimensión en todos los sentidos. Tanto en términos musicales como humanos. Yo creo que la experiencia adquirida ayuda para que uno aprenda a ser mejor persona, y en 40 años he aprendido mucho.

¿Hay algo que extrañe de su quehacer musical de antaño con respecto a los nuevos tiempos, y por qué?

 

Musicalmente hablando, creo que hemos logrado muchos cambios, hemos adicionado instrumentos, siempre respetando las raíces. Hay cosas que han cambiando en el país, como el hecho de que ahora hay menos sitios, menos jardines de baile, como había en los años 70 y 80. Estaba La Pista de La Chorrera, La Tablita de Aguadulce, aquí en la ciudad estaba el Orgullo de Azuero, donde comenzamos nosotros y el Cosita Buena, pero todos cerraron porque así es el paso de los años y todo cambia.

A su juicio, ¿ha incidido esa situación en la asistencia de público a los bailes?

No, el seguidor del típico siempre busca la forma de llegar a un baile y disfrutarlo. Siempre hay alternativas que se les ofrece para que lleguen y disfruten de la música típica popular.

 

De los ritmos con que ha combinado su música, ¿en cuál se ha sentido más cómodo?

Hemos tenido siempre una mente abierta con respecto a otros géneros musicales. He colaborado con muchas grabaciones de artistas, en “pop” o de “rock”, como ejemplo, para Talía toqué el acordeón y eso me satisface muchísimo porque me da la oportunidad de jugar en otro estadio, siempre con el acordeón, el toque panameño.

¿Se ha sentido más cómodo en alguna de estas fusiones?

En todas me siento cómodo. Después que me den los arreglos sobre qué es lo quieren que haga, yo los desarrollo.

¿Cuál de estas integraciones le pareció más difícil?

Tocar con la Orquesta Sinfónica Nacional fue un trabajo que llevó muchos ensayos, muchos arreglos, y eso redundó en conciertos espectaculares y en un CD muy bonito que permitió vestir de gala la música panameña.

¿No habrá perdido su esencia la música típica popular con toda la “estilización” existente?

La música folclórica se mantiene. La pollera es el traje típico más lindo del mundo y eso se mantiene, se debe mantener. En cuanto a la vestimenta de los artistas, eso se debe respetar, uno se adecúa al momento que está viviendo, pero sin perder el sentido ni las raíces.

A usted se le reconoce como un extraordinario acordeonista, pero hay quienes dicen que es, además, un cantante fenomenal.

40 años después, ¿le parece que lo aprecian igual en ambas facetas?

Yo siempre he recibido, con la bendición de Dios, la satisfacción de que el público me recibe bien y admira lo que hago, ya sea ejecutando el acordeón o cantando y eso es una dualidad por la que me siento muy satisfecho y honrado.

¿Alguna rutina especial para poder mantener el nivel?

El único ejercicio que hago es caminar; eso me gusta mucho y bailar en la tarima.

¿Hay algún lugar del mundo en donde aspira que se escuche su música?

El año antepasado tuvimos una oferta para presentarnos en Japón. Lamentablemente no se concretó, porque me habían conversado que iba a ser un mes y después lo cambiaron para tres meses y yo no podía ausentarme por tanto tiempo por los compromisos que ya tenía. Sin embargo, mandé un grupo y los muchachos me decían que en cada concierto que llegaban había un letrero que decía: “Osvaldo Ayala, Panamá”.

De los países que ha visitado, ¿cuál lo ha marcado más?

Nosotros hemos tenido muchísimas presentaciones en diversos países, sin embargo, uno como que no está preparado para ver el nivel de aceptación que tiene en países europeos como Alemania, Holanda o Bélgica. En esos lugares, hemos hecho conciertos multitudinarios y con gran aceptación de la gente.

¿Qué atrae a gente de tan lejos de la música suya?

Lo que sucede es que la música de acordeón es muy especial y la forma de tocarlo nosotros en América, si tomamos en consideración que ese instrumento es de origen europeo. Entonces, nos escuchan a los latinos tocando el acordeón a nuestro modo, eso los satisface mucho.

¿Algunos temas suyos fueron escogidos entre los mejores vallenatos de la historia en Colombia?

Recordemos que nosotros fuimos parte de Colombia y, definitivamente, hay una raíz para ambos. El acordeón llega primero a Colombia que a Panamá y nos llega a nosotros a través de los colombianos. Pero la música nuestra es diferente al vallenato, que trabaja mucho más los tonos mayores.

La música y los bailes son un negocio.

¿De qué manera está incidiendo la situación económica en esta industria?

Definitivamente, que la gente siempre trata de ver cómo se divierte. Hay algunas limitantes que son propias del momento que vive el mundo entero, como el alza de la gasolina y, definitivamente, que nosotros no podemos estar lejos de esa realidad. Quizás la gente que llegaba a un baile en el interior, ahora lo piensa más, pero por regla general, la gente siempre apoya y está en sus patronales y en sus pueblos.

Usted es economista de profesión.

¿Se mantiene al tanto de los vaivenes existentes en esa materia?

Sí, estoy tratando de mantenerme al día de lo que está pasando en el mundo, y en nuestro país, sobre todo.

¿Le preocupa lo que está pasando?

Definitivamente, ha habido momentos difíciles en las economías mundiales, como Estados Unidos y algunos países europeos, que han tenido recesiones muy marcadas y nosotros no estamos alejados eso. Felizmente, Panamá ha tenido un crecimiento económico bastante interesante que nos coloca en una posición muy especial en cuanto a América Latina, dando pasos hacia adelante junto a economías importantes como Chile, que siempre se ha mantenido con incremento de su Producto Interno Bruto.

¿Cómo ve el país en términos de desarrollo?

El país está en franco crecimiento. Yo creo que la ciudad de Panamá se ha convertido en una de las ciudades más importantes de América Latina. La infraestructura que se está haciendo en todo el país vale la pena que los panameños tengamos esos megaproyectos como el Metro y carreteras que van a beneficiar a muchos pueblos recónditos del país.

¿Siente usted que el progreso está llegando a los sectores alejados de la capital?

Claro, se están haciendo muchas obras. Por ejemplo, para nosotros es muy importante que se termine la carretera Divisa-Las Tablas, la carretera de Chiriquí (Concepción a la frontera) y muchas otras que se están haciendo y que redundan en beneficio de todos y nos permiten montarnos en el barco del siglo XXI.

Como figura pública muy querida, ¿no le ha picado el gusanito de la política?

No. Yo respeto a los políticos. Pero creo que mi rol en la sociedad es brindarle música a la gente y mostrarle a Panamá y al mundo que nuestra música es linda y debemos cultivarla y sentirnos orgullosos. Ese es mi papel, el de defender la música y la cultura de los panameños.

¿Cómo se puede incentivar a otros, especialmente los más jóvenes, para que también sientan ese compromiso?

Creo que se debe fomentar el estudio de los instrumentos tradicionales como la mejorana, el violín y el acordeón. Ojalá que se den esos pasos para que los niños puedan tener acceso a cursos de instrumentos.

Dice que todo tiene su fin, ¿ha pensado en jubilarse?

Todavía no. Mientras a mí se me permita cantar y tocar, yo estaré satisfecho.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América