Si un golfista zurdo convierte al espectador diestro en un mar de dudas sobre su lateralidad, más retorcido aún se convierte el trabajo del preparador del "swing" de Phil Mickelson, Rick Smith, quien supervisó una última insólita rutina en la cancha de prácticas de Augusta.
Mickelson se presentó en la cancha aledaña a la principal acompañado de Smith y su "caddie", Jim McKay. El zurdo de San Diego echó mano en seguida a una pequeña bolsa en la que transporta sus propias bolas. Rechaza, para afinar la precisión con los hierros, las magníficas pelotas que sirve Augusta, aunque éstas sean de la misma marca que Mickelson utiliza (Titleist pro V1).
Con sus 200 bolas formando un montón sobre el césped, comienza el duro trabajo para McKay.
El "caddie" va extendiendo sobre la hierba hasta siete toallas blancas, separadas por unas 25 yardas (23 metros) cada una, para lo que se ayuda de un medidor de distancias, a modo de catalejo, tomando como referencias su posición y la de su jefe Mickelson.
Resulta fundamental que McKay no se equivoque su medición ni un centímetro. En juego estuvo la Chaqueta Verde, una prenda que ansiaba Mickelson, un jugador hasta entonces sin "Grandes" en su palmarés, aunque a lo largo de su carrera haya terminado 17 veces entre los diez primeros clasificados en torneos de Grand Slam y, concretamente en el Masters, concluyera tercero en las tres últimas ediciones.
Desde el "pitching wedge" hasta el hierro 8, Mickelson exprime sus mejores golpes sobre las toallas. Cuando el zurdo está caliente, sus bolas son atrapadas a bote pronto por McKay, sin que éste tenga si quiera que agacharse para recogerlas.
Así, una tras otra, hasta convertir el entrenamiento en un espectáculo circense. "Más difícil todavía", comenta un aficionado cuando Mickelson ataca a las toallas más lejanas, que destacan sobre el verdor de la hierba en una jornada de sol brillante.
El técnico Smith sonríe ante el asombro del público. El diestro Smith, no obstante, sigue mirando del revés el mecánico "swing" de su pupilo cuando alguna bola queda a dos metros del objetivo.
Mickelson se tomó un respiro sólo para saludar al paso a Tiger Woods, el mejor golfista del mundo, que irrumpe en la cancha, y, después, a José María Olazábal.
Tras un tránsito de golpes de ida y vuelta, de las 25 a las 150 yardas, el "caddie" recoge las 200 bolas y las guarda en la pequeña bolsa. El trabajo está concluido. Mickelson está listo para el asalto a otra Chaqueta Verde, aunque es la primera vez que el jugador de San Diego, un tipo afable, simpático y bonachón, partía como líder en el torneo más prestigioso del mundo.
El estadounidense Phil Mickelson necesitó 14 años para ganar su primer gran torneo de golf, y cuando finalmente lo logró, en el Masters de Augusta, pasaron algunos segundos antes que le pregunten cuándo conseguirá el segundo.
Por esa razón, en los próximos meses, el júbilo de Mickelson será reemplazado por nuevas expectativas.