Si usted tiene la suerte de toparse con el estadounidense Phil Mickelson, de 33 años, y extenderle la mano para felicitarle, éste le devolverá el gesto y le firmará un autógrafo con la mano derecha, pues la zurda sólo la usa para jugar al golf desde que agarrara un palo por primera vez a la corta edad de 18 meses.
La contradicción de Mickelson en su exclusivo manejo de los palos sobre el lado izquierdo sólo tiene una explicación: cuando era pequeño se fijaba en los golpes de su padre, y como lo hacía de frente le imitaba usando la mano izquierda como principal y ejecutora.
La carrera de Mickelson, desde que comenzara a tomarse en serio este deporte, fue meteórica. Como jugador aficionado baste recordar que es el último golfista de esta condición que ha ganado un torneo del PGA Tour, el Northern Telekom Open en 1991.
Al año siguiente, con 21 años, se pasó al terreno profesional, lanzado como el mejor jugador "amateur" de los Estados Unidos.
En la temporada de 1993 se adjudicó dos torneos, el Buick Invitational en San Diego y el The International. La cuenta no se detuvo después, hasta los 22 torneos ganados en el circuito más exigente del mundo antes del Masters de 2004.
Debutó en torneos de Grand Slam en 1990 (Abierto estadounidense) y desde entonces ganar uno de ellos se convirtió en el objetivo prioritario como golfista.
Mickelson acabó tercero en US PGA de 1994; cuarto en el US Open de 1995; tercero en el Masters de 1996; Segundo en el US Open de 1999; Segundo en el PGA de 2001, segundo en el US Open de 2002 y tercero en el Masters, de forma consecutiva, entre 2001 y 2003.
Hasta en diecisiete ocasiones, concluyó entre los diez mejor clasificados en torneos de Grand Slam. Pero se mostraba incapaz de ganar alguno, especialmente tras el despegue del astro del golf mundial en la actualidad, el californiano Tiger Woods.
Tiger se iba a convertir, desde 1997, en una sombra implacable para Mickelson. El jugador de San Diego se vio frenado constantemente por el talento, la fuerza mental y la preparación de Tiger, un golfista muy pro encima del resto y que modificó muchos de los conceptos sobre el golf.
En esa era moderna iniciada por Tiger, el jugador zurdo de San Diego no paró de ganar torneos, de mantenerse entre los primeros jugadores del mundo y alcanzar cifras millonarias al final de cada campaña.
No es de extrañar, pues, que la hija pequeña de Mickelson le preguntase a su madre en Augusta si era verdad que su papá había ganado el Masters.
Mickelson acudía este año a Augusta como líder de ganancias del circuito estadounidense y con un torneo ganado, el Bob Hope Classic. Tras su triunfo en Augusta, amplía su ventaja al frente de esa relación.