El jefe del Ejército argentino, teniente general Martín Balza, consideró "totalmente justa" la investigación judicial sobre la apropiación de bebés durante la dictadura (1976/1983), hijos de detenidas desaparecidas en centros clandestinos de detención.
En una entrevista publicada ayer domingo en el diario Clarín (de mayor circulación), Balza definió como "inmoral" la quema de los archivos de la represión decidida por las autoridades militares poco antes de la vuelta a la democracia a fines de 1983.
Las expresiones de Balza fueron publicadas dos días después que el juez Adolfo Bagnasco procesó y dictó la prisión preventiva de siete ex altos oficiales de la dictadura por su responsabilidad en el robo y sustracción de identidad de bebés cuyos padres fueron asesinados o permanecen desaparecidos.
"La investigación por el robo de bebés me parece totalmente justa. Claro que sí. ¿Cuántas veces dije que la sustracción de menores es algo monstruoso?", afirmó Balza, desde su departamento de Mar del Plata (400 km alsos Aires) donde pasa sus vacaciones estivales. Balza, quien fue el primer jefe militar en hacer una autocrítica pública en 1995 sobre la actuación de fuerzas armadas durante la dictadura, estimó que con el procesamiento de los ex responsables del gobierno de facto, "está funcionando el pleno estado de Derecho".
Aseguró que durante la dictadura desconocía la existencia de centros clandestinos de tortura: "Yo no sabía de eso. Regresé de Perú en el 78 y no sabía", aseveró.
Por otra parte, sostuvo que lo había sorprendido la afirmación del último jefe del Ejército del régimen militar, Cristino Nicolaides, quien declaró hace 10 días ante la Justicia que debían existir aún en esa fuerza las actas de incineración de la documentación sobre la represión.
"Según leí en los diarios, dijo que ordenó incinerar los documentos para inventariar y recopilar información que estaba dispersa. Esto es falso. Y además dijo que la orden no incluía los legajos que los jefes de zona tenían década detenido. Otra mentira. Las actas no están", afirmó.
Insistió en diferenciar las fuerzas armadas de hoy de las de la dictadura al sostener que "no podemos negar el pasado. Hay que asumirlo. Porque el porvenir es del que tenga la memoria más larga. Lo que digo es que no se puede transferir la responsabilidad histórica a las generaciones que vienen", apuntó Balza.
Reiteró que no tiene información para aportar a la causa y calificó como "inmoral" la orden de incinerar documentación sobre desaparecidos, que, según dijo, "frustró la posibilidad de dar la respuesta a lo que la sociedad reclama".
"Ya pasaron 16 años de la orden de incineración. Esa orden inmoral es la culpable de que yo no le pueda dar una respuesta a las Abuelas, a la señora
que está buscando un ser que nació de un hijo de desaparecido. A la señora Estela de Carlotto (presidenta de este organismo humanitario) yo la respeto mucho y la comprendo en todo lo que puedo, pero ¿qué puedo hacer?", se lamentó.
"Ella (Estela de Carlotto) me pide cosas que yo no puedo hacer. No puedo obligarlos a declarar, ni tampoco puedo hacerles el ADN (la prueba genética para confirmar relación familiar) a todos los hijos de los militares, no puedo apelar a la obediencia", señaló.
Balza volvió a desprenderse de su responsabilidad de dar una respuesta, aunque se manifestó "dispuesto a asumir la responsabilidad triste del pasado porque el Ejército tiene una continuidad". Sin embargo, insistió en que "los que tienen que dar respuesta son aquellos que ejercieron niveles de conducción de la fuerza en aquel momento".
Aseguró que quien debe responder a la sociedad es el propio Nicolaides, dado que "su intención fue borrar las evidencias y el que dio la orden es el responsable".
Con respecto al último presidente de facto, Reynaldo Bignone, (uno de los procesados por Bagnasco) y otros ex hombres fuertes de la dictadura, Balza estimó que "ellos sabrán si fueron responsables".