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Mirando sin ver y escuchando sin oir


En el Hipódromo Presidente Remón se vive una tensa calma. Las principales figuras de la administración prácticamente no se ven, aunque evidentemente están actuado, mientras que los dueños de caballos se preparan como nunca para enfrentar los temas capitales que gravitan sobre el hipismo. El tiempo se ha encargado de mostrarles a los ilusos de que mucho de lo se dijo y habló no era más que la misma mentira, pero con una máscara de verdad.
Transcurridos cinco meses de este año, la curva descendente de las apuestas nos evidencia que, independientemente de la situación económica del país, la hípica está padeciendo los rigores de la falta de credibilidad y de la manía de mirar sin ver y escuchar sin oir.
No ha sido posible, desde ningún estadio, hacerle llegar a las autoridades actuales el concepto de que el problema de la hípica es integral y no cosmético. Y como quienes administran tampoco conocen el temperamento de los apostadores caen en errores como pensar que presentando menos carreras se va apostar más o fusionando lotes que pudieran dividirse es la única posibilidad que tienen para ahorrar unos reales.
Sabemos que desde 1998 hasta la fecha la empresa ha estado pagando "sobrepremios" a los dueños de caballos. Es decir, la empresa ha aportado más de lo concertado, como mecanismo para garantizar la vigencia de la actividad. Ahora, cuando la ubre de la vaca no produce más leche, lo que se impone es sentarse con los dueños de caballos para llegar a la solución menos mala para ambas partes.
Nada se gana con reducir los premios de las carreras en las tardes de los lunes, cuando todo el mundo se ha ido o descuadrar el Programa Oficial Carreras después que los fiscalizadores de las asociaciones de dueños se han retirado. Este tipo de actitud desdice mucho de la seriedad de la empresa y, por instinto de conservación, obliga a los afectados a ponerse en guardia.
Nada perderían los directivos del hipódromo con escuchar otras alternativas de solución, puesto que evidentemente las de ellos no han funcionado y prueba ello lo constituyen los ridículos B/.181,468.25 que se jugaron en las carreras locales la semana pasada. Un fanático nos preguntaba en estos días cómo se mide el éxito de una administración hípica?. Nuestra respuesta fue está: En función de rendimiento de las apuestas.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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