Aquellos que tuvieron la dicha de presenciar lo que un día albergó el histórico Juan Demóstenes Arosemena son privilegiados.
Los que observaron en primera fila partidos, cartillas y demás eventos deportivos de seguro recuerdan con nostalgia esos momentos de gloria. Los más jóvenes, por su parte, se resisten a creer que en ese pajonal descuidado y feo alguna vez se practicó deporte alguno.

En sus años de esplendor, el Juan Demóstenes vio nacer y desfilar a grandes deportistas.
Ahora en el olvido (disimulado en ocasiones por una vaga promesa que nunca llega), el coloso de Cabo Verde sigue guardando entre sus paredes, cargadas de hongos y malezas, instantes memorables.

¿Por qué no recordamos algunos de ellos?
El Juan Demóstenes fue inaugurado en 1938 como estadio Olímpico de Panamá, e inmediatamente acogió la IV edición de los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe.

La ceremonia fue descrita por los diarios de la época como la más impresionante en la historia de Panamá.
El mencionado acto contó con la participación del propio presidente Juan Demóstenes Arosemena, además de otras personalidades y cientos de atletas. Aquel fue solo el comienzo de una historia plagada de gloria.

A un evento tan importante como los JCC, solo podían sucederle otras citas igual de mágicas.
En febrero de 1946, por ejemplo, el estadio fue el escenario en los que los Yanquis de Nueva York, con todas sus figuras, se enfrentaron en más de una oportunidad a la selección nacional.
Sí, allí Joe DiMaggio y Phil Rizzuto jugaron, además, Joe McCarthy planeó sus estrategias.
De los once partidos de pretemporada en suelo canalero, cinco fueron en el estadio Olímpico Nacional.
Un año más tarde, los que hicieron la visita fueron los Dodgers de Brooklyn y los Reales de Montreal.
En marzo de 1947, estos equipos jugaron 14 encuentros en suelo istmeño. Obviamente, el estadio Olímpico abrió sus puertas a algunos de ellos.
En las filas de Montreal (un mes después ya jugó con Brooklyn) se encontraba un ícono del béisbol, alguien a quien en estos tiempos aún se le tiene gran respeto: Jackie Robinson.
El pelotero que logró romper la barrera del color de piel brilló en el diamante panameño.
La fiesta del béisbol seguía en esta vetusta casa, en la que también se celebraron tres Series del Caribe (1952, 1956 y 1960), partidos de exhibición de los Piratas de Pittsburgh (1972) y gran cantidad de juegos de torneos nacionales.
Aunque a este coliseo se le considera un sublime templo de la pelota nacional, en su momento dio paso a otras disciplinas. ¡El béisbol no fue el único protagonista!
El fútbol también tuvo instantes para atesorar.
Antes de la construcción del Rommel Fernández, los juegos de fútbol se realizaban en el estadio Olímpico.
En 1951, Panamá organizó y ganó el quinto Campeonato Centroamericano y del Caribe de Fútbol.
La selección disputó allí varios encuentros y los torneos locales igualmente tenían como sede ese estadio.
El boxeo no se quedó atrás
Un deporte tan generoso como el boxeo también escribió historias doradas en esas instalaciones.
Alfonso "Panamá Al" Brown e Ismael Laguna deleitaron con sus golpes a la afición istmeña.
En 1942, Al Brown peleó en dos ocasiones, mientras que el 10 de abril de 1965 Laguna venció al puertorriqueño Carlos Ortiz y se quedó con el título ligero.
"El estadio Nacional estaba completamente lleno. Se calcula que más de 20 mil personas presenciaron la pelea entre Ortiz y Laguna. Era la primera pelea por un título mundial que se celebraba en la República de Panamá", recogió en su edición del domingo 11 de abril de 1965 Panamá América.
Los eventos mencionados son solo una pequeña muestra, que injustamente deja por fuera decenas de episodios maravillosos, de la leyenda invaluable que en tal coloso se gestó.
¿Habrá llegado a su fin la historia allí?
La respuesta está en manos de las autoridades. ¡El Juan Demóstenes sigue esperando!
Datos
1938 año en que el Juan Demóstenes Arosemena abrió sus puertas al público.
1956 año en que el coliseo pasa a llamarse Juan Demóstenes, en honor a este expresidente.
25 mil espectadores era la capacidad que tenía el coloso de Cabo Verde.