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Morimos todos y todas un poco


Le llamo y le digo, Raúl, me gané el Concurso DOCTV y finalmente puedo hacer ese documental del que tanto hemos hablado. Necesito reunirme contigo.

-Puede ser en mi oficina-. Me contesta, y así lo hicimos. Me fui con César del Vasto, el historiador. Nos sentamos los tres y comenzamos a soltar ideas.

-Se llama “El Último Soldado”-, le dije. Fíjate que grabé a este coronel del ARMY en 1999, era el último que entregaba las bases, pero en realidad quiero contar nuestra historia, él es una excusa.

 

Raúl me comienza a describir las relaciones de Panamá con EE.UU. con una sencillez que nadie hubiera logrado. Así lo hacía siempre. Pasamos por el Gold Roll y el Silver Roll, me habla de la contradicción de los “zonians” y nos echamos a reír de hasta qué punto estábamos tan penetrados en las influencias norteamericanos, que él decidió cambiarle el nombre del basurero de su computadora (trash).

-“Lo borré y le puse TINACO” como le llamamos, me comentó riendo.

Muchos panameños y panameñas no sabemos que su nombre proviene de la compañía norteamericana encargada de la basura en Panamá y cuyas siglas eran pintadas en los tanques: TIN&CO (Tin and Company), a “lo panameño”, tinaco.

 

Conocí a Raúl por su literatura, su “Viaje alrededor del patio” es un recorrido por ese barrio urbano que muy bien conocemos los que venimos de allí, de las fiestas comunales, de la navidad en el patio, de los bailes de “quinceaños” practicados en el zaguán de la renta.

La vida me dio la suerte de que trabajáramos juntos, más bien, que él pensara, creara, y yo trabajara. Unidos en un proyecto de UNESCO, Raúl guionizó un audiovisual que luego dirigí como un documental en el que recreamos la historia de una cooperativa indígena del Darién y al que titulamos Kaimókara. “Utopía” en idioma Emberá. Como la utopía de ese mundo justo, equitativo, con una distribución igual de la riqueza y la utopía de un país con oportunidades iguales de educación, en el que él creyó. El que defendió siempre.

En ese entonces, me regaló su libro “Machí, un kuna en la ciudad”, para que lo hiciera un video. “Machí” es una muy bien contada historia de cómo un kuna se siente ignorado e invisible en la ciudad. Una deuda para mí pendiente ahora.

 

Y así seguimos en contacto, yo admirándolo, él saludándome en los eventos que nos encontrábamos. Yo leyendo sus escritos semanales de ‘Panamá América’, últimamente en ‘La Prensa’, o lo que escribiera en otros medios y correteando sus cuentos, él tratando de explicar este, según mi madre Mireya Hernández, “mágico país de lunas sucesivas”, como solo Raúl Leis, sabía hacerlo.

Admito que aproveché esa lejana cercanía para pedirle que presentara el libro de fotopoemas de Lily Cherniak, “Nada personal”. Fue en la Biblioteca Nacional, que con ese decirlo todo en una sola frase, cerró su presentación.

Este libro huele a antiguo, tiene ese olor a imprenta que nos hace saborearlo. Es un libro para memorizar las fotografías y apreciar el sabor de sus poemas.

 

Después nos vimos en talleres, eventos de capacitación, compartimos debates, y así, al oírlo, fui creciendo en esa panameñidad que él defendía. Esa panameñidad colonense de la que, a pesar de sus logros y éxitos, nunca se alejó. El Panamá de Raúl, aquel que nos ayudaba a construir cada día, era el Panamá “de a calle”, el de los incomprendidos, el de los marginados del dinero y la tecnología, el de los indígenas… nuestros indígenas. El Panamá de Raúl era el Panamá que lucha, el que no se entrega ni se vence.

Una hora bastó para que Raúl nos ubicara y para que el historiador César del Vasto y yo, saliéramos de esa reunión con la estructura ideal para “El Último Soldado”, un trabajo que recorrería Latinoamérica que Raúl valoró de inmediato. Cuenta tu historia, luego me la traes y yo te comento sobre lo que lograste, así usas la entrevista para un largometraje.

El día del estreno simultáneo en 14 países, Raúl estaba allí. Habíamos debatido previamente desde las 6 de la tarde junto con el cantante Rómulo Castro, el sociólogo Samuel Prado, la antropóloga Ana Elena Porras, sobre “Identidad y ciudadanía” en un taller organizado por la Fundación Alemana Friedrich Ebert. Luego bajamos a ver el documental.

Como un niño que quiere aprobación, corrí al final y le pregunté qué pensaba.

-Luis, este documental es un viaje para entender lo que fuimos y descubrir lo que somos-, me dijo directamente.

Con la muerte de Raúl Leis, muere un poco de lo que somos, este pequeño país, conformado con gente como él… que lleva una gran nación por dentro.

¡Gracias, Raúl!


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América