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Muchos olvidaron quién era Mosley


Oscar de la Hoya era el gran favorito por varias razones. Por tener la sangre de un campeón de raza que buscaba vengar su única derrota real en el profesionalismo. Por llegar precedido de dos triunfos, uno de ellos ante un rival de la talla de Fernando Vargas. Y, además, por tener ventajas claras en el aspecto físico.
Pero, claro, la mayoría de nosotros olvidó que frente a Oscar estaría un pequeño hombre llamado Shane Mosley, perteneciente a la misma clase de su rival del sábado y, especialmente, poseedor de un secreto invalorable: cómo vencer a De la Hoya.
En primer lugar, el triunfo por puntos, en fallo unánime, de Mosley sobre De la Hoya resultó cuestionable para casi la mitad de los presentes en la arena del hotel MGM Grand. Sin embargo, la gran mayoría de los que creen que la decisión fue equivocada admiten que, en realidad, Mosley también pudo haber sido el ganador.
Contrariamente, no hay dudas entre los que pensamos que Mosley fue el merecido ganador.
Entre quienes vieron ganar a De la Hoya se cita como argumento las estadísticas de la empresa Compubox. De acuerdo con ellas, De la Hoya conectó 221 golpes, contra 127 de Mosley. De esa cantidad, 115 fueron golpes "poderosos" de Oscar, versus 94 de su rival. Lo que en este tipo de reportes de dudosa validez no se consigna es que, por ejemplo, uno o dos golpes pueden ser mucho más eficaces que dos mil.
Y algo así es lo que ocurrió en esta largamente esperada revancha entre De la Hoya y Mosley. Porque el nuevo campeón de los súper welter de la AMB y el CMB pudo haber pegado en menor cantidad, es cierto. Pero su trabajo fue mucho más sólido que el de Oscar.
Al punto que, aunque él no lo admita, De la Hoya estuvo a punto de irse a la lona en el noveno asalto, conmovido por varios impactos del rival. Aunque resulte difícil de comprender si se considera la diferencia natural de contextura y peso, Mosley lució mucho más fuerte que Oscar y sus golpes hicieron mucho más daño durante todo el combate.
Pero lo que es definitivamente inexplicable fue el plan de pelea de Oscar. Como había anunciado en los días previos, esta vez no cambiaría golpes sin razón. Si bien esto resultaba entendible teniendo en cuenta que es un hombre capaz de sacar diferencias boxeando inteligentemente, cuesta digerir por qué no hizo ni una cosa ni la otra.
Especialmente en los primeros asaltos, Oscar se limitó a lanzar casi exclusivamente su jab. Pero se mostró extrañamente pasivo a la hora de lanzar ataques profundos, lo que, en definitiva, fue allanando el camino para que Mosley tomara el control no sólo físico sino psicológico de la situación. Sólo el propio De la Hoya y su verborrágico entrenador, Floyd Mayweather padre, sabrá lo que quiso hacer.
Por otra parte, Oscar había dicho en los días previos que en el primer encuentro entre ambos - en junio de 2000, también ganado por Mosley - había cometido el error de dejar su mano izquierda demasiado baja. Pues esta vez se olvidó de subir la derecha. Porque la mano izquierda de Mosley, en forma de cruzado o de bolado, terminó siendo uno de los factores decisivos de su triunfo.
Pero, al parecer, si se toman en cuenta las declaraciones que hizo Oscar tras el combate, se desprende que no existe autocrítica alguna.
En lugar de ello, recurrió a la descalificación tácita de los tres jueces, que arrojaron el mismo resultado: 115-113 para Mosley. Idéntica fue la tarjeta de ESPNdeportes.com. Lo cierto es que, pese a las quejas, el nuevo campeón es Mosley, que deja atrás aquellas dos derrotas ante Vernon Forrest para revivir una carrera que comenzaba a navegar injustamente entre las tinieblas.
En cuanto a Oscar se refiere, más allá de anuncios con más tinte comercial que otra cosa, probablemente haya dejado sobre el cuadrilátero del MGM el último pedacito que le quedaba de alma boxística. Al menos, eso es lo que denunció su actuación y, sobre todo, su actitud.
De ser así, es muy injusto que la figura más importante de los últimos años se haya ido entre abucheos provenientes de los mismos que un rato antes le habían ofrecido una ovación que hizo temblar las paredes del estadio.
Pero lo que duele aún más es ver a Oscar irse de este juego como un mal perdedor. Seguramente, la almohada le aconsejará volver por última vez a ser el mismo de siempre y reconocer el triunfo del rival.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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