Aficionado como soy a la magia, me gusta hacer entrevistas a personajes desaparecidos. Caigo en trance y me parece escucharlos. Esta fue mi experiencia con Charles De Gaulle, cuyo fantasma vagaba por el éter hablando con las nubes: «Nunca acepté el armisticio francés de mil novecientos cuarenta. Seguí combatiendo a los alemanes. Dirigí la Resistencia en Francia y estuve al frente de las tropas que me siguieron. Al finalizar la guerra fui Presidente provisional hasta 1946. Me retiré de la política en 1953, pero me llamaron para reasumir el poder en 1958. Fui elegido presidente de la Quinta República en 1959 y 1965. Muchos dijeron que era más orgulloso que un Capuleto y más astuto que Maquiavelo, pero la verdad es que el espíritu francés, tan abatido tras la guerra, se escudó en mi aliento y en mi empeño por revivirlo».
Cuando estuvimos frente a frente, lo invité a sentarse para no verme apabullado por su inmensa estatura -que parece haber aumentado con los años en el reino de las tinieblas.
—Tras la guerra Ud. no pareció agradecer lo suficiente a Churchill ni a los E.U. la ayuda que le dieron, ¿por qué?
—Porque la virtud que necesitaba Francia para revivir no era precisamente el agradecimiento que, cuando se exige y se da, tiene algo de servilismo. Además, no olvido que Churchill preguntó ¿es que no hay un francés más importante que ese De Gaulle? Por otro lado, con EE.UU., usted debe saberlo, es siempre más fácil recibir un trato preferencial si se le demuestra resistencia.
—Pero usted se abrogó la opinión de toda Francia.
—Yo era Francia. Lo mejor que le puede pasar a una nación es ser encarnada por un hombre, si éste destaca por sus acciones y su genio... Sí, tuve que pensar en nombre de mi país.
—Todo hombre debe aceptar consejos y críticas, ¿por qué usted no?
—Porque me di cuenta de que los que me rodeaban eran cada día más humanos, quiero decir, insoportables y cuajados de intereses y rivalidades. Para salvaguardar mi integridad moral, tuve que mantenerme metódicamente elevado y lejano.
—¿Le gustaría volver a la vida política en Francia?
—De ninguna manera. No quiero tratos con este mundo que está regido por mercaderes y no por estadistas...
Se levantó y desapareció en la niebla con su andar de emperador.