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Navidad, cuento que es historia

Los editores de la revista “Cordialidad” me solicitaron que escribiera un cuento de Navidad. Acepté este compromiso. Sin embargo, ¿cómo hablar de bondad y cariño


Madelag (Escritora) / Escritora

Los editores de la revista “Cordialidad” me solicitaron que escribiera un cuento de Navidad. Acepté este compromiso.

Sin embargo, ¿cómo hablar de bondad y cariño a los niños? Me sentía desorientada y aturdida, porque no lograba rechazar las escenas de violencia, de odio, de rencores que a diario recogen los pequeños.

En esos momentos me informaron desde los Estados Unidos que mi niño, mi primer biznieto, había nacido un día 25 de diciembre. Efectué los arreglos necesarios y viajé al exterior a conocerlo. De mi mente se había borrado la promesa que hice y el cuento de Navidad no había sido escrito.

El niño, mi niño Alex Mario, se hallaba entre mis brazos, fuertemente apoyado sobre mi pecho, mirándome con sus ojos de profundo azul, escuchando con extraño arrobamiento el sonido de mi voz, que tenía para él una cadencia nueva; empecé a hablarle.

¿Sabes, Alex Mario?, un día 25 hace más de 2,000 años, nació un niño a quien llamaron Jesús: en la noche del día 24 apareció en el firmamento una estrella rutilante la cual anunciaba su nacimiento. Pero lo extraño es que el significado de la singular aparición del astro refulgente en los cielos ha prevalecido en el inconsciente colectivo de la humanidad desafiando todas las interpretaciones que han sido dadas.

La estrella fulgurante es colocada por creyentes y profanos en todo lo alto, tanto en unos arbolitos muy lindos que llamamos árboles de Navidad, como en las místicas representaciones del lugar que fue la cuna de Jesús.

¿Sabes, Alex?, él no tenía una cunita tan linda como la tuya. Estaba acostadito en un lecho hecho de paja, protegido bajo las miradas ansiosas de sus padres terrenales: María y José.

Y de pronto, Alex: además de los pastores del contorno, llegaron al pesebre tres reyes. Le trajeron regalos como los que tanto ansían los seres humanos: oro que garantiza el poder, incienso que se eleva al cielo como una lisonja y mirra, bálsamo precioso muy estimado en el Oriente.

¿Sabes, Alex Mario? Yo no sé por qué estás tú ni por qué estoy yo. Solo he advertido que en nuestro ser hay que dejar fluir las aguas del manantial de la comprensión para que estas limpien las impurezas que el odio, la amargura, la desesperación y el egoísmo pueden arrastrar al recorrer el cauce del sentimiento. Tampoco entiendo por qué el cumpleaños de Jesús se ha convertido en una fiesta en la cual se funden la algarabía con la tristeza, la bondad con la plenitud, y la abundancia con la penuria.

Además, como Jesús sí quiere que los hombres le ayuden, llegó años después de su nacimiento, San Nicolás. Este, con su vestimenta, hace sonreír a todos los niños que lo ven.

El cumpleaños de Jesús no es una fiesta como cualquiera, sino una maravillosa ocasión para que todos, niños y adultos, festejen la bienvenida a la tierra del más grande mensaje de ternura. Yo espero regalarte, si Jesús lo permite, una estrella. Lo he hecho con todos mis hijos y mis nietos. Ahora te toca a ti. Unidos de las manos miraremos hacia el firmamento y tú tienes que elegir la tuya. Algunos de los que tanto amo ha seleccionado de inmediato la más brillante. Otros, en cambio, han recorrido con sus miradas una y otra vez las altas luces rutilantes y han preferido escoger la más pequeña. La tuya será la que adoptes, pero siempre estará allí, para transmitirte su extraordinaria energía si aprendes a dirigir la luz de tus azules ojos hacia los destellos que envía desde el infinito.

Cuando crezcas, Alex Mario, participarás pleno de ilusiones y regocijo en las fiestas de Navidad.

Luego, cuando hayas avanzado en la trayectoria de la vida, quizás te acosen las mismas preguntas que te estoy formulando de las cuales solo el eco de mi voz quedará grabado en la computadora de tu pequeño cerebro.

Pero también llegará el día en el cual sentirás vibrar de emoción tu corazón, el que creías tener tan lleno que no había cabida para nadie más, pero que se expande cuando late tan cerca de otro corazón pequeñito como el tuyo. Un nuevo corazón que sin hablar, nos transmite con sus latidos el maravilloso mensaje que Jesús nos trajo al nacer y que está concentrado en una sola palabra: AMOR.

Entonces sabrás, como yo lo he aprendido porque tú me lo has enseñado, que cuando se ama a un ser tan pequeñito como tú, uno siempre puede escribir un cuento de Navidad.


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854423
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América