Aunque se siente algo “flateado” por la intensidad del trabajo que ha tenido este año, el pensar que faltan pocas semanas para inaugurar el “Panama Jazz Festival”, le renueva el ánimo a Danilo Pérez, quien, a pesar de que el festival se puso pantalones largos antes de lo esperado, no ceja en su intención de que esta actividad mantenga su estado de ebullición.
Así las cosas, ha estructurado alianzas, fortalecido estrategias y renovado posibilidades para que el “Panama Jazz Festival” repita el éxito de todos los años, el próximo 16 de enero, cuando reciba a propios y extraños en este ya habitual espacio creativo.
¿Qué novedad hay en la Fundación Danilo Pérez y en el Panama Jazz Festival?
Una de las cosas nuevas que tenemos es la participación con la Ciudad del Saber que nos va ayudar a expandir el trabajo más a nivel global, más allá de América y Latinoamérica.
¿De qué tipo de expansión estamos hablando?
La idea es que venga más gente de todas partes del mundo y que Panamá se convierta en el centro de la vida cultural durante una semana.
Después de ocho años, ¿cree usted que el aspecto académico del festival se ha equiparado al interés por lo que tiene que ver con espectáculo?
Ahora mismo, el resultado de la parte educativa es grandísimo. Ha sido y es un gran componente del éxito del festival. El año pasado tuvimos casi 1000 estudiantes que vinieron a estudiar al festival, incluyendo gente de Colombia, Costa Rica y Chile, y esto significa que vienen a tomar clases para optar por becas o audiciones, porque Panamá se convierte en un centro mundial de audiciones.
Pero esos países, quizás por su cultura y experiencia, están acostumbrados a eso, ¿a su juicio, ya comprendieron los panameños que el festival no solo es un concierto?
Yo creo que hay que darle mucho más promoción a la parte de la educación. Creo que mucha gente está consciente de que el festival no solamente es un evento como “show”, sino que tiene un impacto, para el país a nivel cultural y educativo, muy grande. Y lo podemos medir con un ejemplo, que es nuestro primer becado, Luis Carlos Pérez, quien ya viene con una maestría y que está dirigiendo el programa educativo de la Fundación. Ya vienen otros que se fueron hace cuatro años y están de regreso y otras actividades que se realizan durante el año.
¿Cómo les va con el apoyo oficial?
El INAC y la APT han sido fundamentales desde el principio y han mantenido una ayuda sostenida. Nosotros estamos en un dilema, el cual es que el festival ha crecido de una manera que nadie esperaba. Es decir, que el porcentaje de crecimiento de la audiencia es mucho más alto que el porcentaje de crecimiento económico, en esa parte estamos un poco atrás. Para la cantidad de personas que estamos atendiendo, no somos suficientes y todavía cabe más apoyo.
¿Más apoyo económico o en fuerza humana?
Apoyo en la parte económica, en la liquidez. Esto debido al nivel de los artistas que estamos trayendo, por lo ambicioso del proyecto, por lo educativo y por lo que deja al país en turismo. Es decir, que el proyecto sigue creciendo y creciendo. Hemos contado para este año con el apoyo del Gobierno y de empresas nuevas, lo cual significa continuidad y crecimiento, pero el festival la pone difícil. El año pasado atendimos a 26 mil personas, no sabemos cuántas serán este año, pero la tendencia es al alza.
¿Pudiéramos decir que se están enfrentando a dos caras del crecimiento, la positiva y la negativa?
Exacto
¿Puede darse el caso de que pierdan el control del festival al hacerse demasiado grande?
Sí. Especialmente, si no hay recursos económicos, puede pasar eso. El festival lo que tiene claro es el método de trabajo. Nosotros tenemos toda la experiencia para que esto no pase, aunque siempre hay ese riesgo, pero el Festival ya tiene un proceso que incluye al voluntariado que se prepara, que es lo bonito; no solamente ha creado becas, sino que ha servido como espacio creativo para grandes profesionales y promueve el talento a todo nivel.
Si le pidiera que compare el Panama Jazz Festival con los mejores festivales del mundo, ¿dónde nos ubicaría?
Estoy viajando alrededor del mundo a los festivales más importantes y la verdad es que el festival de nosotros compite con cualquiera, no en recursos económicos, sino porque para mí las cosas se miden por la pasión y el profesionalismo y el festival de Panamá cumple con ambas variables. Yo he estado en otros festivales de gran renombre y no siento ni pasión ni profesionalismo en el aire. Debemos estar orgullosos de nuestro festival porque los artistas que han venido lo dicen. Se van y quieren volver.
El festival no es perfecto, ¿qué habría que mejorar?
Siempre hay que mejorar. Yo diría que necesitamos mucho más profesionales en todas las áreas. Cuando tú empiezas a tener 26 mil personas, necesitas gente competente. Ahora tenemos puras mujeres, porque son más organizadas, tienen sostenibilidad y son muy profesionales. Todas las que están al frente tienen la capacidad para visualizar todo antes de tiempo, preparan todo bien detallado. También a otros talentos, pero necesitamos más. Por ejemplo, profesionales en el transporte de pianos, más afinadores, etc. En eso estamos trabajando, pero todo eso requiere recursos. Todos sabemos que la educación necesita crecer y el festival lo que está haciendo es proveyendo un espacio para eso.
Por lo que usted ha visto y vivido en el mundo, ¿le parece que nuestro crecimiento en materia artística y cultural va al mismo paso que el desarrollo económico?
Es un reto grande. Yo veo un interés masivo y todos estamos hablando de que la educación es un problema al que hay que darle seguimiento; veo esa intención clara, lo que hay que practicar es la tolerancia y yo creo que la música es un buen ejemplo. Me gustaría ver más músicos dentro del circuito, me gustaría ver a más gente del Gobierno tocando un instrumento musical, creo que ayudaría mucho ponerlos a todos a tocar un instrumento musical. A todos, incluyendo a los periodistas, darles una clase de música y allí hacer un ejercicio donde nosotros declaremos ciertos valores que son imprescindibles y cómo se pueden practicar a través de un ensayo musical, a través de una improvisación que hagamos juntos. Creo que hay cosas que nosotros, como país, tenemos todas las de ganar, no hay duda de eso, pero lo más importante es no ver cómo estamos hoy, sino ver cómo queremos estar dentro de algunos años. Y para que eso ocurra, necesitamos gente que haga que suceda.
¿No será que hay muchas iniciativas dispersas?
Sí. Pero también pienso que el panameño es muy “todólogo”. El panameño es muy pasional, tiene muchas ideas, quiere hacer de todo, pero necesitamos enfocarnos en la preparación de las personas que puedan ayudarnos a hacerlo, pero eso toma tiempo, hay que tener paciencia. Si uno reconoce que la educación es un problema, yo este año cumplo 27 años de estar en este trabajo y es ahora que puedo medir los resultados científicamente. Yo lo podía ver antes, pero ahora lo puedo medir y es lo importante, que uno se interese por algo, no importa qué gobierno esté, sino que se siga la meta y el plan de trabajo de 15 años y en eso la música ayuda a crear esa paz, esa paciencia, esa tolerancia. Panamá está volando, no hay duda de eso, pero todo lo que viene, que es bueno, trae consigo cierta resistencia, que es la prueba de que algo bueno está por allí.
¿Su dedicación al Panama Jazz Festival ha afectado en algo su carrera?
No necesariamente, porque ahora tenemos un equipo conformado que ha hecho muy productivo el festival. Ahora soy más el bombero del festival, estoy ayudando a que las cosas se den y adentro hay un equipo que está haciendo un trabajo fenomenal.
Dejemos el Festival a un lado, y cuéntenos ¿qué está haciendo en el plano artístico personal?
Gracias a Dios, este año viajé mucho. Recientemente estuve en Macedonia, tuve muchas giras, grabamos un disco que estuvo nominado a los Grammy y estuvo entre los diez discos más importantes del año, tengo una comisión para escribir al Carney Hall, este año hice mi primer trabajo para quintetos de viento en música clásica que se llama “Travesías panameñas” y fue bien recibido en el ambiente de la música clásica y, a raíz de eso, me han salido dos proyectos más y giras todo el año hasta el 2013. Lo que sí se hace difícil, lo tengo admitir, es que para mí lo más importante ahora mismo es ser una pieza fundamental en la formación de mis hijos y eso es difícil. Estoy un poco atareado con la viajadera; este año terminé “flateado”, al punto que tuve que cancelar cosas. Fue demasiado.
¿Se está rindiendo?
Eso nunca. Lo más bonito del Festival es que la gente no piense que es Danilo Pérez, sino que es Panamá. Si me preguntan antes morirme, qué hice en mi país, diría que le dejé un evento que puede crear sostenibilidad. Es un evento en donde Panamá se puede nutrir de riquezas a través del turismo cultural y de riqueza cultural a través del intercambio. Este es un regalo y una oportunidad. Dios me ha dado la posibilidad de tener cosas y yo lo voy a entregar para que quede toda la vida, como uno de esos eventos que pasaron en esta época y que le dieron luz al país.