Amargados aún por la temprana eliminación de la escuadra albiceleste, a los aficionados argentinos al fútbol les dio “Ni fu ni fa” la clasificación de Brasil a la final del Mundial de Japón y Corea del Sur al vencer el miércoles a Turquía 1-0.
Como ya es un clásico después de cada triunfo brasileño en el mundial asiático, la colectividad del vecino país radicada en Argentina se congregó en un salón bailable del barrio porteño de Congreso para festejar y brindar al son del samba, con todo el colorido y ritmo que le imprimen sus exhuberantes mujeres.
Pero puertas afuera, salvo algún curioso que se detuvo a espiar el espectáculo verde y amarillo del interior del salón, la mayoría de los argentinos paseaban su indiferencia y morosidad, quejosos todavía de que ni siquiera una alegría en el fútbol pueda alejarlos de sus penurias económicas y laborales diarias.
Para peor, en el preciso instante en que el danés Kim Nielsen daba el pitazo final que abría las puertas a la final entre Brasil y Alemania, en las puertas de Buenos Aires comenzaban los primeros incidentes entre desocupados y pobres con la policía, que terminaría con dos muertos y decenas de heridos y detenidos.
A todas luces, los argentinos tenían la cabeza en otra parte, lejos, muy lejos de Japón y Corea del Sur.
Las escasas opiniones de café sobre el desarrollo del Mundial mostraron una tendencia a la preferencia de que Brasil, vecino y etermo rival deportivo, se incline, no importa si el rival se llama Turquía o Alemania.
“Yo veraneo en Brasil, y si salen pentacampeones nos van a cargar (burlar) de acá al año 2040”, dijo Carlos Alberto Páez.
En el interior del salón bailable, al menos dos jóvenes argentinos presenciaron el partido rodeados de “torcedores” (hinchas), pero no como gesto de confraternidad sino “para darles mala suerte”, confesaron.
Uno de ellos, artesano de oficio, que vive un tiempo en cada país, se mimetizó con una casaca de Sao Caetano para, según reveló, “hinchar por Turquía en territorio de ellos. El domingo vuelvo con otra camiseta”, desafió.
De todos modos, describió que los brasileños “siempre están contentos. Son optimistas. Así es su pueblo, con todo. Viven así. Pueden tener un real en el bolsillo y viven una semana. Acá, con un peso no podés estar ni una hora”, describió.
“¿Dónde viste a un argentino que hinche por Brasil?”, interrogó en voz alta y socarronamente Ivonette, rubia brasileña de ojos verdes de 32 años, que festejó el gol de Ronaldo y confesó no saber “nada de fútbol”.
Ivonette, al igual que sus compatriotas Solange o Kelly, asegura que después de la final frente a Alemania seguirán festejando en pleno centro de Buenos Aires, y meneando sus caderas acaso como único consuelo de los hombres argentinos que no quieren ver felices a sus vecinos sudamericanos.
Corea del Sur, animada por su incontenible “marea roja” (millones de aficionados vestidos con la camiseta del color de la selección), disputará el tercer lugar a Turquía el día 29 en Daegu.
Los coreanos, entrenados por el holandés Guus Hiddink, llegaron a semifinales por primera vez en su historia. También representan al primer país asiático que lo consigue.
"Ni fu ni fa", triunfo de Brasil para amargados argentinos
¿Dónde viste a un argentino que hinche por Brasil?, interrogó en voz alta y socarronamente Ivonette, rubia brasileña de ojos verdes de 32 años, que festejó el gol de Ronaldo y confesó no saber “nada de fútbol”.