El Getafe se reencontró con el triunfo un mes después, para devolver al Real Madrid a su realidad, condicionado por las bajas, las nuevas lesiones y el momento bajo de Iker Casillas, en la cuarta derrota liguera de la temporada que fulmina la polémica prima.
Hay estadios que se convierten en auténticas pesadillas para ciertos equipos. El Coliseum Alfonso Pérez lo es para los grandes de España. Real Madrid y Barcelona lo pasan realmente mal cada vez que lo pisan. Bernd Schuster tenía la receta por su pasado azulón y el año pasado condujo al conjunto madridista al triunfo. Esta vez (ayer) se la dejó en casa.
Es mucho más equipo el Getafe que el Bate Borisov. En un clima casi tan gélido como el de Minsk, el Real Madrid modificó su mentalización inicial para ser sorprendido por un rival que mordió por su necesidad de puntos. Se cumplía el segundo minuto de partido cuando Gavilán tiró por tierra la reconstrucción defensiva blanca.
Dos victorias consecutivas del Real Madrid dejando su portería a cero quedaron en mero espejismo cuando Licht vio el desmarque de Gavilán, por fin con la confianza de Víctor Múñoz en su demarcación natural, para poner un centro medido a la cabeza de Albín que fusiló a Iker Casillas.
El ímpetu le bastó a un Getafe corto de fútbol, para volver a poner en la cuerda floja al Real Madrid. Quince minutos de dominio local dejaban una acción para la polémica, posible penalti de Casillas a Granero, y un jugadón de Contra que se marchó de todo lo que le salió al paso, haciendo recordar a los románticos una jugada que pasó a la historia ante el Bayern de Múnich. Esta vez rozó el larguero.