Hoy me presento aquí ante ustedes dispuesta al martirio. Resignada a la lapidación. Me presento esta semana sabiendo que lo que voy a decir me va a traer gritos, pero ni modo, aullaré y síganme los míos. Me parece que estamos criando una generación de niños estúpidos y tarados. Eso no es nuevo y ya lo he dicho muchas veces: ignorantes, maleducados y tarados morales. Pero es que, además, estamos criando (entre todos y con la inestimable ayuda de la televisión… ¡ah, qué haríamos sin ella!) a una panda de pendejos desequilibrados.
Me explico, si el equilibrio es el punto justo en el que fuerzas encontradas se compensan destruyéndose mutuamente, los niños de hoy en día pecan siempre por exceso o por defecto. Hace unos días una terrible noticia ha saltado a la palestra, unos cuantos infantes con menos años que dedos en las manos han tratado de violar a una niña de su edad. Aunque no sé yo si a esas edades es posible mecánicamente, pero de cualquier modo, lo que está claro es que le hicieron pasar a la niña un mal rato considerable. Y si los niños aprenden por imitación… ¿donde vieron ellos eso de sujetarla entre varios y ponerse otro sobre ella? ¿Será que lo vieron hacer a sus padres? ¿O será que lo vieron en la caja boba?
Algo huele a podrido en los patios de los colegios. Estamos enredando a nuestros hijos. Les decimos que no se pega, que no deben pelearse, que deben dialogar, que nada se soluciona con la violencia y los ponemos delante de la televisión a ver Rambo, (¡huy, Rambo digo yo! Rambo ya es una película para bebés comparada con lo que se filma hoy en día).
Montamos un escándalo en el colegio por encontronazos pendejos en los patios, encontronazos que deberíamos dejar que ellos mismos arreglaran, porque no siempre estaremos aquí para salvarlos. Pero luego silenciamos casos sangrantes.
Les decimos que a las niñas se les debe tratar como damas, pero en las telenovelas que pasan los canales nacionales en horario familiar, las mujeres salen vestidas como putas y los hombres las usan y las tiran o se dejan usar por ellas, y allí ellas aprenden que sin tetas no hay paraíso, ni apartamento en la zona de moda, ni teléfono de última generación.
Yo creo señores, de verdad que lo creo, que antes todo era más sencillo, ni mejor ni peor, ojo, sino más simple. Si te pegaban, pegabas. Si te la cagabas, cargabas con las consecuencias. Si no tenías fuerza para defenderte, te buscabas la vida con tu inteligencia, con tu sentido del humor o con tu velocidad. Porque fíjense que nada ha cambiado en la humanidad, hay abusadores, violadores y ladrones, sigue habiendo víctimas y victimarios, igualito que antes, pero ahora, además nos han quitado el derecho a defendernos, a gritar, a patalear. A partirles la cara a los niños que me pegan en el patio del colegio. Y a mi papa le han quitado el derecho a partirle la boca al papá de los cafres que me hicieron pasar ese mal rato. Porque hoy todo es mucho más civilizado, donde va a parar. Todo es mucho mejor. Los buenos, hoy en día, creen y practican los derechos humanos y la decencia y los malos se pasan a los demás por la piedra con completa impunidad. Ojalá yo tuviera el consuelo de pensar que alguien los va a castigar en el más allá, pero lo peor es que cuidadito y se libran los muy joeputas.