Entre las cosas dichas por el nuevo Presidente de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, UICN, señor Vally Musa, en su presentación ante los empresarios de Panamá, hace varias semanas, fue que si el país estaba apostando en su economía por el desarrollo del turismo, particularmente alrededor del turismo ecológico o ambiental, habría que tener cuidado de no matar la gallina de los huevos de oro. Esta era una advertencia por lo que creo llegó a observar en Bocas del Toro donde un rápido crecimiento de las ofertas turísticas, tanto en términos de construcciones, hoteles, etc., y otros servicios, ha sido acompañado por procesos que tienden a generar tanto más pobreza como deterioro ambiental.
El señor Vally Musa, vino de visita a Panamá invitado tanto por el comité panameño de la UICN, como por la fundación Smithsonian. Era parte de su visita a América Central, tanto como una deferencia en reconocimiento del papel que jugaron los comités nacionales de países pequeños en el último congreso de esta entidad internacional, como también como una manera de acercarse a los problemas ambientales que sufren países como el nuestro en su lucha por conservar sus recursos naturales. El señor Musa vino precedido de un currículo tanto político como administrativo impresionante, particularmente como participante de las luchas contra el Aparthei0d en Sur Africa, en su calidad de miembro del equipo que contribuyó junto con Nelson Mandela, a desmontar el aparato institucional del racismo en su país. Como ministro que fue el ambiente, uno de sus muchos logros fue haber aumentado substancialmente la superficie protegida del sistema de parques de Sur Africa, los procesos exitosos de negociar formas de desarrollo sostenible con usuarios pescadores en las costas de su país, inversores, etc. De manera que su expediente habla de un personaje que no está ubicado en el extremo del movimiento ambiental a ultranza, sino que participa también de las preocupaciones de los empresarios serios que desean contribuir al desarrollo sin deterioro o con el menor impacto posible sobre los ecosistemas.
En su visita a Bocas del Toro pudo darse cuenta de las potencialidades positivas y negativas del turismo en una región altamente vulnerable como Bocas del Toro. Por ello su discurso entre los empresarios estuvo enfocado a llamar la atención sobre el papel que puede jugar el Turismo en Panamá, pero en el marco de cumplir con ciertas reglas propias del nuevo paradigma del desarrollo sostenible. No matar la gallina de los huevos de oro es obviamente la regla de oro.
El caso de Bocas del Toro debe ponernos en estado de alerta porque es exactamente lo que no ha debido ocurrir ni debe ocurrir en el resto del país, pero que en realidad parece ya tener los mismos vicios de origen. Un ejemplo, es el proyecto de aproximadamente 300 viviendas en la isla Bastimento, justo al lado del Parque Marino Bastimento, cuyas partes terrestres ocupan una parte de la isla. Si uno de los errores en la formulación del parque fue la delimitación del parque evitando el conflicto, el hecho concreto es que ese error se pagará caro porque tal carga de actividades humanas en su vecindad será una de las causas de su rápido deterioro. Y lo peor es que aún no está claro es cómo se llegó a obtener el visto bueno de la ANAM para conceder a los empresarios tales derechos de construcción. Y qué puede decir la comunidad internacional de ambientalistas? A principios de los noventa, recuerdo que la WWF se retiró de Panamá cuando el gobierno central dio una concesión de exploración para petróleo en Bocas del Toro, y no regresó sino hasta cuando el país comenzó a presentar una imagen mejor, al menos en el desarrollo de la estructura legal, no siempre apropiada, pero al menos adecuada. Esta práctica no parece haberse continuado, aunque las palabras del Señor Vally Musa , sugieren que si un país no llevaba a cabo una relación consecuente entre la teoría y la práctica, era posible que se retirara.
Si el país apuesta, sin otra alternativa básica, al turismo como factor de desarrollo económico, entonces debe partir del reconocimiento de que lo que se ofrece como atractivo es un ambiente y una población con culturas variadas, las cuales deben ser no solamente reconocidas como tales, sino respetadas, no en el discurso sino en su integralidad, en su manera de usar los recursos, en su manera de ver el mundo y en su manera de beneficiar el mercado que se abre ante sus ojos, cuando ese mercado de manera irresponsable, explota la presencia del cliente, sin darse cuenta que una razón de su presencia en el país, es precisamente esa diversidad, tanto biológica como cultural. Advirtió que a mediano plazo, el turismo, cada vez más exigente, también demanda consistencia de políticas económicas con el manejo de los recursos naturales. Las discrepancias que se puedan observar en la realidad y el discurso de las políticas es una manera de matar la gallina de los huevos de oro.
En sus reuniones con los distintos grupos de interés, empresarios, gobierno y ongs, fue obvio que cada sector quería obtener del señor Musa opiniones que confirmaran una línea de pensamientos propio de cada grupo de interés. En ninguno de ambos casos el señor Musa se comprometió ni comprometió a la organización que preside, considerando que ya no funciona como un político con una agenda de un grupo específico, sino con la agenda de muchos grupos a nivel internacional. Hubo quienes, por ejemplo, lo interpelaron en torno a la necesidad de la apertura de la carretera Panamá-Colombia, ya no el tapón del Darién. La pregunta ya tenía visos de una respuesta positiva. Su respuesta, obviamente política, apuntó a la necesidad de garantizar todos los mecanismos necesarios, tanto en la agenda de los estudios de impacto ambiental, como en el proceso de consulta ciudadana, mediante mecanismos transparentes. Tal vez obvio, pero la respuesta puede interpretarse de igual manera como una recomendación que se centra en que los países deben resolver sus problemas internos sin que requieran de normativas externas. Y ello depende de la madurez que alcance el movimiento ambiental. Sin esa madurez, las ONG, también necesitadas de respaldos externos, no podrán alcanzar sus objetivos. A pesar de las críticas que últimamente hacen los empresarios al movimiento ambiental, el aporte de éste a la imagen turística del país, no ha sido compensado con una equitativa conducta de respeto a los derechos ambientales del país.
No matar La Gallina de Los Huevos de Oro
Si el país apuesta, sin otra alternativa básica, al turismo como factor de desarrollo económico, entonces debe partir del reconocimiento de que lo que se ofrece como atractivo es un ambiente y una población con culturas variadas, las cuales deben ser no solamente reconocidas como tales, sino respetadas, no en el discurso sino en su integralidad, en su manera de usar los recursos, en su manera de ver el mundo y en su manera de beneficiar el mercado que se abre ante sus ojos