Si usted quiere robarle la calma o conocer la peor parte de un funcionario público, solo dígale la verdad. Eso sí, piénselo dos veces, por que si ese funcionario tiene mando y jurisdicción seguramente lo emplazará y si usted no conoce sus derechos es posible que lo mande a confinar en una mazmorra.
Hoy supuestamente debíamos presentarnos ante el pleno de la Comisión Nacional de Carreras (CNC) para atender, no sabemos si una citación o invitación, que en tono poco amable nos hizo el presidente de ese cuerpo colegiado.
Habíamos considerado la posibilidad de asistir, pero luego de evaluar la situación y recopilar algunas informaciones sobre el comportamiento y los prejuicios del presidente, decidimos que asistir a esa sesión sería perder el tiempo. Tenemos muchas razones para llegar a esa conclusión.
La primera es que con las sanciones dictadas por la CNC en su sesión extraordinaria del jueves, el caso de la jinete Elizabel Navarro quedó cerrado, por lo cual nuestro testimonio solo serviría para alimentar el ego del presidente: "Por eso fue que lo cité", vociferaba el sábado por la mañana, como si el citar a un periodista fuera una hazaña o evindenciara que su trabajo es eficaz. ¡Que iluso!
Otra razón es que una vez estemos en la reunión seguramente nos preguntarán de dónde sacamos toda la información y las aseveraciones que hicimos en dos columnas publicadas la semana pasada.
Cuando el presidente escuche que las irregularidades en el paddock las supimos por un soplo que nos dio Nelson Mandela y que la forma como se hacen las cosas allí nos la reveló Martin Luther King mediante un sueño, no nos va creer. Y no lo hará por que el presidente no valora el mensaje, sino que se fija primero en quién lo dice y cuál es el color de su piel.
Pero la razón principal por la que no asistiremos a la invitación -citación es que hoy es 6 de julio, fecha de nuestro cumpleaños, y nos enteramos que el presidente le tiene miedo a los monos.
Como se trata de una fecha especial, hoy no vestiremos con la formalidad que nos caracteriza, sino que nos pondremos un T-Shirt que tiene un mono impreso en el pecho.
Nos imaginamos la escena: Entramos al salón de reuniones de la Comisión Nacional de Carreras, el presidente observa el mono que llevamos impreso en el pecho, se levanta de su asiento, se quita las gafas, golpea la mesa, comenzará a gritar (como es su costumbre), se pondrá más rojo que un tomate y posiblemente le de un faracho y la verdad es que no queremos ser responsables de una tragedia el día de nuestro sapo verde.
Así pues, el presidente puede seguir diciendo y haciendo lo que le de la gana. A nosotros no nos podrá robar la calma y mucho menos la verdad.
Felizmente nosotros seremos periodistas hasta el día de nuestra muerte, por que así lo escogimos, mientras que él, con sus prejuicios e intolerancia, no estará en ese cargo toda la vida y eso ya es una ganancia para nosotros y para la hípica.