Deportes

No puedo dar crédito…

“El pajarito dio tres vueltas (tres, ni una más ni una menos) y se posó en una viga de madera y se me quedó viendo”, dice él, “y me decía pío pío”. Podría haber sido un equino, burro, mulo o caballo, proveniente de los llanos que, al ritmo de los sones tradicionales, rebuznara o relinchara.


Monica Miguel Franco (Antropóoga y escritora) / PANAMA AMERICA

No puedo. Trato de manejarlo pero mi inteligencia se resiste. ¿Será que estaba borracho? ¿Será que piensa que los demás somos gilipollas? ¿Será que de verdad se lo cree y actúa de buena fe? No soy capaz de llegar a comprender los motivos ocultos. Pero veo una y otra vez el video y no ceso en mi asombro. Lo vuelvo a ver una vez más. El tipo empieza su relato: una capilla solitaria, humilde, de madera, el crucifijo, las sagradas escrituras abiertas y una foto del Padre Comandante: “(…) una imagen del Comandante en Jefe (…) como recibiendo la lluvia bendita que ya sabía su destino. Mientras le hablaba al alma de nuestro Comandante llegó un pequeño pajarito”.

Así mismo fue, le hablaba al alma del Comandante y de pronto un pajarito que entra en el oratorio, revolotea sobre él tres veces y se posa en la viga. Trina. Y el orante le contesta. ¡Toma ya! ¡Como Blancanieves! ¡Puede hablar con los animalitos silvestres! En mi casa entran, cada dos por tres, palomitas titibús, tucanes, colibríes y hasta murciélagos. Nunca se me ha ocurrido ponerme a dialogar con ellos, ¡qué falta de delicadeza por mi parte! ¡Pero imagínense que van y me contestan! ¡El culillo que me iba a dar! Pero no él. Él no, él no se arredró, y demostró allí su temple y su carácter.

Analicemos despacio: “El pajarito dio tres vueltas (tres, ni una más ni una menos) y se posó en una viga de madera y se me quedó viendo”, dice él, “y me decía pío pío (insertar aquí silbido)”. “Y yo le respondí al silbido ‘pío pío’” (insertar aquí silbido en otro tono). Lo veo una y otra y otra vez hasta que me aprendo el diálogo de memoria.

No veamos en esta historieta un episodio de locura transitoria, vamos a ver si llegamos al fondo de la cuestión. La cosa es que ese pajarito era la reencarnación de Chávez, tan grande él. Tal corpachón reencarnándose en algo tan nimio como un pajarito, no sé. Yo podría imaginar algo más regio, como un águila, o más acorde, como un gallinazo. Pero claro, el oratorio al parecer era pequeño y las vigas de madera quizás eran antiguas, y puede que no soportaran la imponente presencia de algo más pesado que un pajarito. Y digo yo, si estamos puestos a los milagros, ¿no podría hacer sido un bicho que no necesitase posarse en viga pero más señorial? Un felino, por ejemplo, que se deslizase sigiloso tras el reflexivo que iba a ser bendecido y que lameteando su rostro limpiara las lágrimas de emoción que sin duda se deslizaban por sus mejillas. Claro que, al parecer el genuflexo sabe silbar, pero a lo mejor no conoce los secretos de los rugidos o los ronroneos gatunos.

También podría haber sido un equino, burro, mulo o caballo, proveniente de los llanos que, al ritmo de los sones tradicionales, rebuznara o relinchara lo que fuera menester. Claro que así no sería igual de romántico, el Padre Comandante un burro, no, no. Ni pensarlo.

¿Una serpiente? ¿Y el rezador en plan Harry Potter hablando pársel? Huuuum…. Bueno, entre Harry Potter y Blancanieves tendríamos pros y contras que evaluar…Pero definitivamente no me imagino al meditante con faldamenta azul y bincha a juego, así que casi mejor el pársel. ¿Pero el Padre Comandante siendo una serpiente? No, no, si la cosa era bendecir no podemos permitir que aparezca como el Maligno. Con lo cual, la veracidad de la historia ahora sí brilla ante mí. Un pajarito. Claro, es la única versión posible.


fecha edicion
old id
872756
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América