En algún lugar leí que la Copa Oro, como cualquier otro torneo a nivel internacional, es una vitrina donde se puede apreciar tanto la experiencia de los grandes talentos de nuestra región como la versatilidad de los prospectos que comienzan su peregrinar en el fútbol.
Este torneo, sin lugar a dudas, también es un reflejo de la situación actual que está viviendo nuestra selección, es una especie de termómetro con el cual podemos medirla.
De los pocos partidos que hemos disputado en esta Copa, podemos sacar unas cuantas conclusiones: gozamos de una falta de organización; se percibe como que cada jugador quisiera ser el protagonista, olvidándose de que el fútbol es un juego de equipo, donde la unidad debe prevalecer ante todo, y qué decir de la falta de definición. Lastimosamente en este juego se gana haciendo goles, no intentándolo.
No menciono esto último a manera de crítica, ya que para mí es un placer ver jugar a mi Panamá, querida. Y me llena de orgullo el hecho de que hayamos llegado hasta la Copa Oro, porque eso demuestra que tenemos talento.
Pero, no podemos tapar el sol con las manos, todavía tenemos un largo camino que recorrer en materia fubolística y son estos torneos los que nos ayudarán a crecer.
Pero ese crecimiento solo se puede potenciar si aprendemos de nuestros errores.