De repente me dieron ganas de comprar una escopeta. Por mi mente nunca había pasado esa idea hasta que se presentó la oportunidad. Analicé el precio, pensé en la posibilidad de que pudiera necesitarla en algún momento, ya fuera para irme de cacería en algún monte criollo o, si se diera la ocasión, en África o en Iquitos. También pensé en que no estaría mal poseerla porque incluso en la selva de cemento me pudiera ser útil.
Pero de qué vale tener una escopeta si no se cuenta con otros accesorios que le sirven de complemento en caso de que decidiera emprender alguna aventura. Entonces no estaría de más adquirir una bolsa para dormir o una tienda de campaña para que me sirvan de cobijo mientras descanso cada noche y termino la tarea de acechar a cualquier animal que espero me sirva más de alimento que como prenda de vestir o calzado.
Una cafetera portátil no vendría mal, porque su contenido me ayudaría a mantener los ojos lo suficientemente abiertos como para no dormirme en momentos en que la oportunidad para la caza sea mejor.
Si tengo suerte, eventualmente voy a necesitar un asador para cocinar el conejo, la liebre, la perdiz, el pato o lo que sea que mi puntería me ayude a conseguir; también debiera tener conmigo un juego de cuchillos para cuando llegue la hora de despellejar la presa y cortarla en filetes.
Por aquello de la cadena de frío y como no sé cuánto tiempo demoraré en llegar de vuelta a la ciudad, debo contar con un coolerde buen tamaño, porque con esa escopeta, mi determinación y la buena puntería de la cual presumo, seguramente no volveré con las manos vacías.
Ya de vuelta a casa, a la vida civilizada, quisiera darme una ducha renovadora con un calentador de agua, bajo una buena regadera. Pensándolo bien, la que tengo ya no me causa la misma sensación de relaxcomo antes.
Si acaso llueve, tendré que prescindir del asador y para echar al caldero esa carne que tanto me costó conseguir, es preferible que adquiera un juego de ollas de calidad.
Terminadas las labores de cocinero, me imagino sentado en mi nuevo juego de terraza, bajo un abanico de techo con aspas largas, el cual me acaricia mientras me recupero del trajín.
Después de todo, es mejor que cierre este catálogo de ofertas porque me está creando necesidades que no tengo, además, no me gustan las escopetas ni mucho menos el monte.