Las 25 mil personas que gritaban “Messi, Messi” vistieron de gala al estadio de todos los panameños. Una reinaguración a todo dar. Rebasando todas las expectativas. Sólo el mejor jugador del mundo podía hacer de la noche un momento mágico.
La lluvia no fue impedimento para una noche de ensueño. Las estrellas brillaban, no el cielo, sino en la verde y húmeda grama del Rommel.
Figuras de la talla de los brasileños Cafú, Juan, Lucio hacían recordar al famoso “scratch” brasilero. Materazzi y “El Toro” Vieri, a la azzurra campeona del mundo. Edgar Davids, a la Naranja Mecánica y Morientes, Pinto, Helguera y Pernía a la “Furia Roja”.
Y como si todo esto fuera poco la mega estrella argentina, el mejor jugador del mundo. ¡Messi, Messi!, los gritos no paraban. La euforia era total. Y de pronto entró. Un estallido humano sacudió el ambiente en las gradas. Los jugadores lo sentían. Messi sonrió a la multitud, y esta volvió a estallar.
El alarido fue aún mayor cuando el árbitro dio inicio al partido con el pitazo. Las estrellas empezaron a darle gusto a los fanáticos que por vez primera eran espectadores de un evento de tal magnitud.
Parecía que en lugar del Rommel fuera el Soccer City, y que en lugar de un partido amistoso hubiese sido una final de la Copa del Mundo.
El resultado poco importaba, lo único realmente valioso era poder ver en vivo y en directo en Panamá a auténticas estrellas del fútbol mundial. Un lujo imperdible.