Cuando los militares asumieron el poder del país, surgió la esperanza de que en el deporte también se suscitaría un cambio radical. No fue así. Aparecieron aquel entonces en la esfera deportiva, dirigentes que se creyeron que su elección era de por vida. Jamás han salido del poder. Son ellos, Melitón Sánchez, de Softbol; Idelfonso Lee, de Levantamiento de Pesas; Fernando Samaniego, Ricardo Sasso, de Atletismo; José Remón, del Voleibol, y Miguel Sanchiz del Baloncesto y más tarde, Ariel Alvarado del Fútbol y Frank Wever del Béisbol.
El Comité Olímpico, Las Federaciones y las Ligas Provinciales se nutrieron de una nueva casta que al salir electos se creyeron que esa elección era secular. Cada cuatro o cinco años, fecha máxima de elección, eran mantenidos en sus cargos como si se tratara de un premio a su labor positiva. Uno de ellos, Alvarado, deja el voluntariado y entra entre los dirigentes asalariados. Alvarado percibe actualmente seis mil balboas mensuales por ser Presidente de la Federación Panameña de Fútbol. El año pasado, Panamá no resistió ni la primera vuelta en la eliminatoria para el Mundial y Alvarado seguía percibiendo los seis mil balboas mensuales.
Disciplinas deportivas como el béisbol, fútbol, baloncesto y otras que tienen mucha simpatía entre el pueblo panameño son un desastre en las competencias internacionales. También sus dirigentes se valen de lo que sea para mantenerse en el poder y se burlan de la sociedad deportiva...