Nunca me he creído el mejor ni el más sabio ni el número uno, pero la vida -a mis 27 años- me ha dejado claro que hay que luchar hasta con las uñas por lograr lo que tienes.
Yo espero que, así como muchos luchamos y batallamos por tener un mejor futuro, los directivos del Plaza Amador tomen los correctivos, se pongan la mano en el corazón y lean la Biblia para que puedan mejorar en cada una de sus acciones dentro del club.
Sé que manejar un club como el Plaza Amador no es fácil. Lo sé porque, desde el 2007, estaban sumergidos en una crisis institucional, deportiva y económica.
¿Qué hay peor que eso? La muerte. Porque mientras cuentes con vida y con un poco de aliento divino puedes darle la vuelta a esta tortilla que ya está quemada en su totalidad.
¿Qué pasó con Javier Ainstein? ¿Por qué tratas a un entrenador joven de esa manera? Que yo sepa, Ainstein te llevó a la final después de seis largos años, que no es poca cosa, que no es fácil.
Entonces, ¿por qué insistir en tratar mal a quien te ha puesto de nuevo en el mapa futbolístico panameño. Pues, antes de eso, Plaza estaba para lanzarlo a los leones.
Lo peor del caso es que ni la misma afición del Plaza Amador comprende lo que está ocurriendo. Nadie entiende qué es lo que ocurre. Eso está mal.
Muchos, no todos, queremos respuestas. Porque, a pesar de que ya contrataron a Juan Carlos Cubilla, quien hizo su primer entreno ayer, los directivos del “Equipo del Pueblo” deberían explicar el trasfondo de todo esto.
Señoras y señores, esto no puede quedar en el olvido. Aquí hay gato encerrado y nadie quiere salir a decir nada porque tienen miedo.
Señor Ainstein, le tengo un mensaje: usted queda mejor si dice todo lo que pasó. Por favor, no cubra a nadie, pues nadie lo cubrió cuando lo ofendieron. El fútbol merece más respeto. Mentira no es...