Washington. Ni el conflicto de Kosovo ni la habitual apatía de la prensa estadounidense fueron los verdaderos "culpables" de que los medios informativos ignoraran, una vez más, la reunión que la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) celebró recientemente en
Guatemala.
Aunque estas fueran las explicaciones que esgrimieron algunos funcionarios del departamento de Estado para justificar la ausencia de información sobre la mencionada reunión de cancilleres, hay razones más contundentes.
Primero, el disminuido perfil de la OEA frente a otros organismos regionales como el Grupo de Río en lo político y el MERCOSUR en lo económico. Ambos reciben más atención por parte tanto en los medios de Estados Unidos como de Latinoamérica.
Segundo, con la excepción de un modesto terremoto que sacudió a los representantes de los 34 países, en la reunión de la OEA no hubo noticias.
Salvo que sea noticia la desconcertante actitud de la propia delegación de Estados Unidos, empeñada en presentar propuestas que, al no haber sido consensuadas previamente, fueron amablemente rechazadas una tras otra.
Para Estados Unidos la reunión comenzó con un mal presagio. Pocos días antes del inicio de la asamblea, Víctor Marrero, el delegado permanente de Estados Unidos ante la OEA, fue forzado a retirar un proyecto de resolución que, fue acogido con un diluvio de protestas por parte de las asociaciones periodísticas de todo el Continente.
Una vez en Guatemala, Marrero y su equipo pusieron la idea de crear una instancia multinacional que pueda intervenir, llegado el caso, en aquellos países del continente donde se considera que la democracia "está en peligro".
El proyecto generó una enorme polémica y su discusión tuvo que ser pospuesta para la próxima asamblea prevista para junio del 2000 en Canadá, junto con la malograda propuesta sobre libertad de prensa y expresión.
Es cierto que el departamento de Estado se esforzó por compensar el clima adverso de Guatemala emitiendo un extenso comunicado en Washington para expresar su satisfacción por la adopción de la Convención Interamericana sobre Transparencia en las adquisiciones de Armas Convencionales.
El nuevo instrumento estipula que los países miembros se verán obligados a notificar a la OEA sobre sus importaciones o exportaciones de armas en un máximo de 90 días después de la transacción.
"Es un acuerdo regional de control de armas sin precedente", dijo a Reuters el general estadounidense John Thompson, presidente de la Junta Interamericana de Defensa, cuya presencia fue mal vista por varias delegaciones que consideran que tras la Guerra Fría no hay razón para la existencia de ese organismo afiliado a la OEA.
Pero José Elías informó en El País de Madrid que la propuesta había "levantado ronchas entre los ministros de Exteriores de una región que ha visto cómo, a lo largo de este siglo, Washington ha impuesto gobiernos en la zona a conveniencia de sus intereses".
El periodista español, que evidentemente no es ajeno a la historia del Continente, anotó que el proyecto de resolución traía especiales connotaciones para Guatemala: "La propuesta, además, se ha conocido en Guatemala, una nación que vio interrumpido en 1954 un proceso democratizador que, juzgando a la distancia, sólo pretendía eliminar las formas semifeudales que todavía prevalecen en el país para iniciar una tímida modernización económica.
"Aunque se guardaron las formas, trascendió que en una reunión privada mantenida la víspera entre los ministros latinoamericanos con el secretario general de la OEA, el colombiano César Gaviria, el tema motivó intervenciones subidas de tono, lo que evidenció que muchas naciones latinoamericanas están en contra de la ponencia de Washington, que consideran claramente "intervencionista"".
Tampoco las circunstancias coyunturales fueron propicias a un mayor perfil de la reunión anual de la Asamblea General, la máxima instancia de un sistema interamericano, que por primera vez limitó sus reuniones a tres días en vez de una semana como fue de rigor los 28 años anteriores.
Pero la opacidad de esta reunión, la ultima en este siglo, fue especialmente significativa tratándose de la organización regional más antigua del mundo que se esfuerza por mantener su relevancia en el cambiante panorama político mundial.
"En esta reunión ocurrieron cosas absurdas" confió un alto funcionario recién llegado de Guatemala. "Pero lo más triste es que nadie lo tomó en serio. Es como si todos supieran que la OEA está obsoleta".
Un momento que a algunos asistentes les pareció absurdo fue cuando el canciller de Venezuela, José Vicente Rangel, denunció a la OEA como inútil para luego agregar que carecía de la "receta" para mejorar al organismo.
Rangel, que resultó no ser diplomático "pero sí un periodista que ha actuado durante 40 años en la oposición" se destacó por sus reiteradas críticas a la OEA y por fustigar a Estados Unidos. También exhortó a los reunidos que aparcaran "la democracia representativa" en favor de la
"democracia participativa".
Como conclusión, el canciller venezolano propuso que el Consejo Permanente de la OEA someta a la próxima asamblea las conclusiones de una jornada de reflexión sobre la "exaltación de la vida, que debe ser la democracia en Latinoamérica", idea que el canciller guatemalteco Eduardo
Stein, estallando en aplausos, inmediatamente declaró aprobada por aclamación.
Quienes consideraron que el discurso de Rangel tenía "tufos de Mussolini" quedaron atónitos ante el gesto del canciller guatemalteco del que dijeron: "Fue como si cayera el telón en este teatro del absurdo; son actitudes que pueden acabar con la propia OEA".