El plantel "León" como se le conoce popularmente al Olimpia se impuso en el juego de ida por 4-1 al Real España en San Pedro Sula .
Para hoy se tiene programado el encuentro de vuelta en Tegucigalpa y el equipo del panameño es el plantel favorito para clasificar a la gran final.
Según el diario Prensa de Honduras, el portero panameño tuvo una aceptable actuación en el partido de ida, a pesar de recibir un gol.
Añade el rotativo que González no tuvo nada que ver en el gol que le hicieron y que "le quitó varias oportunidades de anotar a los españolistas". De igual manera, es casi seguro que el guardameta veragüense sea titular en el juego de hoy.
Cualitativamente se diría que la sociedad panameña parece más interesada en superar un estadio de confrontación e infortunio, que, basado en la vieja lucha del civilismo vs el militarismo, parece haberle hecho más daño que bien. Una confrontación que erosionó confianzas, que produjo agendas paralelas aunque se estuviera luchando por lo mismo.
Ni hablar del borrón y cuenta nueva, porque más somos los que coincidimos en que es imposible olvidar si se quiere escribir la historia. Las elecciones del dos de mayo evidencian la necesidad de establecer una nueva relación entre panameños a partir de la confianza mutua, del cumplimiento en la palabra empeñada, de la credibilidad.
Pero la credibilidad posee ante todo, como base, la capacidad de la consulta, el establecimiento de agendas comunes, de ejercicios sostenidos en bien del país, en una palabra, hacer del consenso un método, para producir resultados de Estado. Una lectura de la inclinación del voto mayoritario parece apuntar en esa dirección.
Ante todo justicia social, a partir de la certeza de que la pobreza es un cáncer que nos amenaza a todos, y de que invertir en combatir la pobreza es un seguro de vida para nuestra sociedad, inmersa como está en un escenario regional de guerras y descomposiciones sociales que amenazan con la paz y la seguridad. Justicia social a partir de las políticas de Estado y los compromisos internacionales. Justicia social y perfeccionamiento de nuestra independencia, como nación soberana.
Ante todo madurez democrática. La sociedad panameña exhibió en estos últimos comicios una inclinación precisa, aspiraciones concretas y la más alta votación que se recuerde. Es decir una evidente intención de participación. Curiosamente orientó su intención de voto, allí donde encontró mayor recepción, hacia la alianza opositora.
Hasta ahora los pronunciamientos del presidente electo Martín Torrijos Espino, antes y después del triunfo, han hecho evidente su intención de poner en marcha un programa para transformar este país. Seguramente se podrá, si considera los elementos antes señalados. Una lección especial, en ese sentido, se desprende de la tragedia de la alianza de gobierno, Visión de País, cuyos partidos integrantes, una vez han pasado los comicios han corrido a hacer correcciones, y a hablar de mayor democracia interna, lo que implica necesariamente una modernización de sus normas.
Se diría que han comprendido que de no hacerlo cercenarían sus propias posibilidades de incidencia e influencia en la actividad política nacional.
Esa democracia interna es un componente básico en toda sociedad que madura, y que cada vez que se ha tratado de obviar ha producido estruendosas catástrofes políticas. Muchos mitos parecen haber sucumbido el pasado dos de mayo. Nuevos reagrupamientos se presentaron en la escena, y un nuevo discurso político va cobrando hegemonía.
La preocupación por la solución a los principales problemas sociales, el perfeccionamiento de la democracia, la transparencia en la gestión pública, el debate libre de prejuicios y la consolidación de las instituciones, entre otros puntos, integran una agenda a la cual la mayoría de los panameños prestan su atención.
Fue, por ejemplo, lo que la dirección de campaña del expresidente Guillermo Endara entendió en el curso del torneo electoral, y lo que, a vistas está, le rindió muy buenos resultados.
Pese a su procedencia política, el proyecto Endara comprendió que las viejas consignas de los años 80 no palpitaban en lo más sentido del electorado, que hay panameños con urgencias por encima de las manifestadas en el pasado, y que respondieron premiándolo con un segundo lugar en la contienda.
Una posición que hace prever las elecciones del 2009 como un torneo intrincado, dada la manera como se ha potenciado el partido Solidaridad y las inclinaciones evidenciadas esta semana por el banquero Alberto Vallarino y el grupo que apoyó su nómina en 1999.
La clase política debe comprender que estamos ante un electorado exige un nuevo discurso, ofertas específicas, y delinea lo que hemos llamado una nueva calidad de votantes, menos manipulable y con demandas específicas.
Intentar lo contrario es abocarse a resultados adversos.
Una posibilidad donde la fiscalización que ejercen los medios de comunicación sobre la vida del país puede servir de aliado decisivo. En la Patria Nueva sería positivo valorar antes que cuestionar, el papel de los medios, la crítica de los periodistas, la colaboración del Estado con los mismos.