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Operación "Listo y Fuera"


Mis gracias al asombroso doctor Tejera, Director del Hospital Rafael Estévez

¡Llegó el momento deseado y temido! Ni una gota de agua había tragado en las últimas veinticuatro horas. Lo invitaron a subir a la camilla. Se despidió de sus compañeros de sala: Irineo, piedras en el estómago, y José, vesícula biliar. Con la barriga vacía pero taqueado de esperanzas se lo llevaron. Las ganas que tenía de caminar bien le permitieron arrimar el miedo en un rincón del cerebelo. El camillero lo deslizó como por un tobogán. Miraba el techo de los corredores, del elevador y los marcos de las puertas (que parecía abrir con la cabeza). Lo estacionaron breves minutos en la entrada del salón.

Más curioso que asustado entró en esa gruta diáfana y aséptica, capilla misteriosa y fría, taller de cuerpos con instrumentos deslumbrantes, iluminado por grandes lámparas azules: el quirófano. Fue recibido por el que pone a dormir los nervios, asistido por una doctora joven y bella. «Ah –pensó–, estoy en buenos ojos. Me escudaré en sus pestañas».

 

Una raquídea de sombras lentas y algodón violeta y el delicioso oxígeno entrando en sus pulmones. Al rato alguien mueve un tuco de madera sobre la mesa. No, no es madera, es su pierna. Los ayudantes la trastean para acomodarla en los soportes. Sin ninguna razón, esto le provoca risa. «Pueden hacer lo que quieran con ella, ya no me pertenece». Su risueña temeridad no alcanza como para atreverse a mirar el instrumental. Por muy inoxidables, la sangre los teñiría pronto. A la larga vencerían al noble metal. Dijeron que es un operación ruidosa (él que tanto teme y rechaza el ruido, ¿le harán rechinar los dientes?). Así es cuando cortan huesos.

El paciente está listo. Llaman al ortopeda. «¡Adelante mataor, vaya candela y venga rumba!». No entiende su coraje, su ausencia de temor.

Y entra el hombre en su tranquilizadora bata color césped. Lo mira desde la entrada y lo saluda con la mano abierta. El paciente pata de palo que, además de oxígeno, aspira un sedante mágico, contesta el saludo y murmura: «Adelante, campeón».

 

Pestañea. ¿Cuánto dura un pestañeo? Dicen que unos 400 nanosegundos. Cuando abre los ojos está saliendo en una camilla y el doctor, desde el otro lado de la mesa de cirugía hace una seña con la mano (el dedo pulgar hacia arriba). No entendió.

«¿Me sacan? –preguntó– ¿No me van a operar?

«Listo y fuera». Contestaron.

 

Perusín saldrá nuevamente a la cancha.


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721388
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América