El domingo pasado aullé asombrada cuando descubrí que, en el colegio privado al que mando a mis hijos, a partir de cierto grado se divide a los niños y a las niñas en grupos separados para, a los machos, ofrecerles dos horas semanales de artística y a las hembras, (al parecer genéticamente preparadas para ello), una de artística y una de una asignatura llamada “Familia y Desarrollo Comunitario”. Un lector me hizo un atinado comentario y me explicó que en los colegios públicos no existe este tipo de diferenciaciones, con lo cual mi asombro roza los límites del colapso, ¿el Ministerio de Educación no debería marcar la pauta de los temarios que se ofrecen en todo el país? O sea, que si en un colegio privado quieren eliminar del “pensum”, pongamos por caso, las matemáticas (¡qué mala suerte que ese colegio no me tocó a mí!), ¿pueden hacerlo sin que haya inspectores que los devuelvan al redil? Entonces, ¿en este país cada colegio enseña lo que le da la gana a la asociación correspondiente de padres de familia?
Porque les informo que el temario no tiene desperdicio: “Ropa de casa: cuidados que requiere (...) cantidades según composición familiar”. Y prepárense: “¡El matrimonio: concepto …tipos…!” Obviamente, la “planificación familiar” es cosa de mujeres. Y la cosa sigue: “El infante”; “El adulto mayor”. O sea, que queda claro quién va a ser la que sepa qué tipo de unión desea, la que presione para ser “la esposa”, la que se va a encargar de comprar y lavar la ropa de la casa, y, entre otras cosas de esta calaña, encontramos que también tiene que ser ella la que se encargue, ¿en solitario?, de los niños y de los ancianos. Incluso hay un tema en la sección de “Alimentación” acerca de “Alimentos para ocasiones especiales”, o sea, ella cocina el pavo. Mientras tanto, el niñato que tenga a su lado pasará los días pintando monas en la terraza (supongo que para eso lo educaron).
Les aseguro que, por mi parte, haré lo necesario para cambiar esto; ahora bien, la médula del asunto es que la culpa la tienen los padres. Sí. La culpa la tenemos los padres por querer inventar el agua tibia y no atrevernos a poner la paila en el fuego. A ver, que nos llenamos la boca diciendo que somos los más progresistas habidos y por haber. Y en la real de la leyenda, como quien dice, somos los que perpetuamos un estado de cosas porque es más fácil seguir la corriente que nadar contra ella.
La culpa la tenemos los padres porque no les compramos a las niñas un camión con volquete, e insistimos en vestirlas de pequeñas putas para ir al parque. La tenemos los padres cuando les repetimos a los niños que a las niñas no se les pega, aunque la tierna infantita le haya endiñado un tremendo patadón en la espinilla al machito, que debe contener su cólera justificada, y sorberse lágrimas y mocos porque los niños no lloran. La culpa de todo esto la tienen los padres que obligan a las niñas a levantarse a quitar la mesa mientras los machos de casa ven la tele despatarrados en el sofá, rascándose... las orejas.
La culpa la seguiremos teniendo los padres por no imponer nuestro criterio y nuestro sentido común cuando vemos estupideces semejantes, tiene usted razón, amigo lector. Porque a veces debemos dar un puñetazo en la mesa… y si no lo hacemos, quizás es que somos tan memos como los que escribieron ese libro y los que decidieron que estudiarlo era solo para niñas.