…con un futuro imperfecto. Éste era el título completo que hubiera deseado ponerle a ésta columna, pero las imposiciones de espacio constriñen una vez más mi verborrea titulística. En fin, háganse ustedes a la idea de que lo leyeron todo junto en la primera línea y continuemos sin más dilación. Hace unos días, y por Twitter les pregunté a tres de los políticos más importantes del patio qué libros estaban leyendo. Un silencio de éremo dio respuesta a mi consulta. La callada por respuesta, vamos. Y así pode mos pensar lo que deseemos, que no contestan porque están sumamente ocupados leyendo un libro tras otro, o que no responden porque simplemente no tienen respuesta, ni imaginación para mentir.
Ustedes pueden pensar lo que quieran, yo me reservo mi opinión, y mientras tanto reflexiono sobre un hecho: podemos tratar de diferenciar al ser humano del resto de los animales por multitud de razones. La mayor parte de ellas falsas y todas fácilmente descartables con pruebas palpables: ni el razonamiento, ni el lenguaje, ni la organización, ni la alegría, ni la ternura, ni la crueldad, son prerrogativas humanas. Sólo la lectura y la escritura lo son. En ésta época, donde los políticos lo son, no porque sean más razonables o más brillantes que aquellos a los que pretenden dirigir, sino porque regalan jamones y bailan arrima'os con matronas en el Día de la Madre, la lectura se está esfumando y con ella lo que nos diferencia de los ornitorrincos, por ejemplo, o de las hienas.
Y no, no les echemos la culpa a los aparatitos electrónicos. No la tienen. Si el hábito de la lectura estuviera bien arraigado, los distintos gadgets que van apareciendo se usarían para leer y no solo para matar marcianitos o para hacer desaparecer caramelitos de colorines.
Tampoco me sirve la típica excusa de la falta de tiempo, porque para chupar con los amigos y para ver todos los partidos, incluso aquellos entre equipos cuyos países estoy segura que no podrían ubicar en el mapa, para eso sí tienen tiempo. Seguro que sí. Para leer no hace falta tener tiempo, hace falta tener ganas.
También sería bueno que tuvieran buen gusto para elegir los títulos, pero a estas alturas ya ni pido tanto, fíjense ustedes. Me serviría casi cualquier cosa escrita en castellano.
Si los políticos leyeran un poco más y dedicaran un poco menos de tiempo a rascarse las bolas y a tratar de tocárnoslas a los demás, seguramente mejoraría su nivel medio de lectura y escritura. Los tuits de los de lado y lado no adolecerían de analfabetismo supino. Y no tendríamos que sufrir las faltas ortográficas tamaño multifamiliar. Fallos de sintaxis y gramaticales. No tendríamos que sufrir un léxico de niño de prekinder y no tendríamos que volver a aguantar un 'haiga', 'habíanos' o 'estábanos' vergonzante en televisión nacional.
Claro que también sería bueno que los periodistas se apuntaran a la lectura… porque hay más de uno que entre 'lo que viene siendo' el 'vital líquido', y la droga 'presuntamente conocida como cocaína', nos fríen el cerebro a los que nos arriesgamos a escucharlos.
Platón, discípulo de uno que se suicidó como acatamiento supremo a unas leyes absurdas e injustas, soñaba con una República en la que los mejores gobernasen. Ya quisiera yo que eso fuera verdad. Lo de que gobernasen los mejores (aunque lo de obligar a unos cuantos a tomar cicuta tampoco estaría mal). Pero me conformaría con que los políticos y muchos periodistas supieran quien es Platón, y no lo confundieran con el recipiente en el que se colocan los pixvaes.
*(Antropóloga, actriz y escritora)