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Paisaje con figuras tristes

Hoy entono una endecha por los difuntos olvidados y por sus familias. Por las madres y los nonatos que murieron por complicaciones... Si fueran los padres, o los hijos, de los politicastros de turno los que no tuvieran acceso a un servicio médico, las cosas serían distintas.


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, actriz y escritora) / Antropóloga, actriz y escritora

Como si del título de un cuadro se tratara, la apabullante belleza natural ofrece el contrapunto a la desgarradora realidad de muchos panameños. No es la primera vez que aúllo desde esta columna por este tema, y pasan los meses y pasan los políticos y seguimos igual. No quiero decir que no haya otros temas importantes, pero las futuras elecciones (de las cuales ya estoy hasta las mismísimas cejas) y el desbarajuste del Canal, se tragan otros temas que se escurren de tapadillo y casi sin pena ni gloria, cuando deberían desatar, ellos sí, pasiones e indignaciones varias.

Mi enamoramiento con Darién no es de corta data y hace años que ya me contaban, sentada en un tambo emberá en Río Mogue, las vicisitudes que tenían que pasar para lograr llegar a La Palma con aquellos que necesitaban un médico. Pero lo mismo me han relatado en Sieyick, en territorio naso, y pasa lo mismo en las montañas de Veraguas y en las serranías de Coclé. Panamá es un país que gira en torno a un conglomerado de acero, cemento y cristal a orillas de un Canal. Los que viven en la capital ven el resto del territorio (con una sola bandera, eso sí) como playas para desarrollar, pero sólo para pasar un fin de semana de vez en cuando. Y si vamos a vivir muchos con poder adquisitivo en una determinada zona, pues nada, montamos allí una clínica privada y listo. Y eso es injusto. Y amerita que los afectados por la desidia y el abandono se cabreen y mucho. (No, no estoy pretendiendo que vayan a cerrar calles, no empiecen a fastidiar, ¿eh? Así tampoco) Pero estoy segura de que si fueran los padres, o los hijos, de los politicastros de turno los que no tuvieran acceso con rapidez a un servicio médico, o a un helicóptero, las cosas serían distintas. Las carreteras serían dignas de tal nombre. Los caminos de acceso a las poblaciones no se anegarían con las lluvias ni tendrían cráteres de tamaño colosal en la época seca. No habría que juntar una compañía de hombres que se turnaran en llevar la hamaca donde transportar al enfermo, o en la que regresar con el cadáver a casa si fallece por el camino, que casos se han dado. ¿Se indignan, estimados lectores? Pues me parece bien que lo hagan. Es lo mínimo que puede hacer alguien con dos dedos de frente al conocer cosas como ésta.

Ahora bien, como hay que pegar pedradas a los que las merecen, también tengo aquí un ‘lo dije’ para los listos que se niegan a traer médicos extranjeros pero también se niegan a ir a trabajar a sitios adonde no llega la televisión por cable y no hay servicio de comida a domicilio . El resultado es que entre todos la mataron y ella sola se murió, frase cruel donde las haya y que lastimosamente se aplica en este caso. Triste. Y real.

Hoy entono una endecha por los difuntos olvidados y por sus familias. Por las madres y los nonatos que murieron por complicaciones en partos que hubieran sido exitosos con un quirófano cerca. Por aquellos que murieron por falta de suero antiofídico. Por los ancianos que han muerto por no tener cerca quien los tratara de dolencias que hoy en día ya no tendrían que matar. Es triste tener que llevar duelo por el poco importa y la injusticia. Y por culpa de unos cuantos que solo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena, es decir, de los votantes en época electoral. Un asco.


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917776
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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