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Palabra santa, palabra diaria


La historia de la literatura se hace escribiendo. Prevalecerá lo que deba prevalecer. Trascenderá lo que fue escrito con los materiales de lo trascendente. Todo el fuego para que arda la pira del olvido. Los rescoldos darán testimonio de lo que fuimos como autores. Las cenizas se las llevará el viento.

Por eso es que nadie debe renunciar a su testimonio de vida ni a sus memorias. Lo extraordinario de una vida no es nada más ni nada menos que nuestro encuentro cotidiano con el espejo, el tranque, el buenos días señora. ¿Quién me va a decir que mi sensibilidad no tiene un lugar en el mundo o que mi ejercicio de creatividad, cuando me atreva a escribir un cuento no es un ejercicio de legítima defensa…?

Los premios, los reconocimientos públicos, las presentaciones de libros con toda la pompa y el cristal roto vale por los minutos que dura. Los espaldarazos finalmente los dará el LECTOR. Para sobrevivir a las estanterías, o a los anaqueles de las librerías, el autor debe empeñarse a fondo. Y aún más. En los tiempos que corren, cuando lo virtual es el pan cotidiano y las comunicaciones se realizan por control remoto, y hasta la educación formal, presencial, reta a la otra, a distancia, pero no distante debemos ser generosos con nuestra Musa. No le daremos todo, daremos lo mejor, y un poco más.

 

Todavía existe gente que pregunta ¿por qué escribimos? Aparentemente necia, recurrente y molesta como mosca de carnicería… ¿Vale la pena devolverla con ese derrumbe de palabras que llamaremos discurso?

Lo cierto es que cuando escribimos lo hacemos con palabras, las palabras son lenguaje, el lenguaje es comunicación, y la comunicación nos acerca, nos hace idénticos, mejores y con ellas nos queremos, soñamos el futuro, custodiamos el pasado, nos enamoramos, despedimos a nuestros muertos queridos… Tendrá su sitio también el silencio, pero se romperá si lo nombramos.

El mundo alguna vez fue una página en blanco y, jeroglífico, garabato, palabra antigua, palabra santa, palabra diaria se fue nombrando cada gesto cada esquina para que nos reconociéramos en los espejos del conocimiento.

 

La historia de la humanidad, nuestra historia es un largo discurso. El mundo está lleno de cosas, casas, usos, costumbres… pero, al final: tsunami, terremoto, inundación, incendio forestal nos quedarán las palabras para llorar y consolarnos, y volveremos a empezar.

¿Por qué escribo? Porque alguien tiene que hacer la historia.


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536192
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América