La Selección de Panamá venció anoche 3-2 a Guadalupe, en el debut de ambas selecciones en el Grupo C de la Copa Oro 2011, mostrando dos caras muy disparejas: una muy buena y otra llena de mediocridad.
Si Panamá no hubiera bajado el pie del acelerador, de seguro hubiera sacado un mejor resultado, ya que ayer ante Guadalupe quedaron en evidencia las carencias de siempre: conformidad por un resultado, la falta de contundencia para darle el KO al cotejo y la pasividad de la defensa cuando el encuentro está en la recta final.
Julio Dely Valdés, entrenador del equipo panameño, tendrá que trabajar mucho psicológicamente a los muchachos para evitar que estos vacíos sean más comunes y puedan perjudicar al equipo en los duelos ante EE.UU. y Canadá.
Reseña.
En el primer tiempo, la Roja bailó y borró a Guadalupe del terreno de juego, gracias a un buen despliegue táctico en conjunto. Sumándole a esto la contundencia en ataque de Luis “El Matador” Tejada y de Blas Pérez, ambos dueños y figuras de la delantera istmeña (hoy por hoy, no tienen rivales).
Tejada lució como lo que es, un delantero con hambre de gol y que también sabe habilitar a sus compañeros cuando estos más lo necesitan. Tejada es un “crack”, mentira no es.
Al minuto 28, Luis le bajó una pelota dentro del área a Blas Pérez, quien fusiló al portero de Guadalupe con un disparo de zurda que pasó pegado al palo izquierdo del arquero. Era el gol de la alegría y, en ese momento, la tarde noche del Estadio Ford Field de Detroit se volvió más roja que nunca.
El gol fue de una muy bella factura y Blas Pérez, desde ese momento, se puso a un gol de Jorge Dely Valdés, máximo goleador de la Selección de Panamá en toda su historia, con 22 tantos.
Después del primer gol, el tiempo transcurrió con calma y Panamá siguió dominando el partido. Guadalupe se perdió en el partido completamente y se hundió en su propio abismo, ya que solo trataban de contragolpear a los istmeños, quienes con una defensa dominada por Felipe Baloy detenían sin problemas las embestidas de los caribeños. Panamá gozaba.
Pero, al minuto 31, Luis Tejada tendría su oportunidad para ponerse entre los grandes de la historia del fútbol panameño, sumando su gol número 21, uno menos que el gran Jorge.
Era momento de alegría, de emoción y de magia. Tejada se erigía, en esos instantes del partido, como el mejor jugador de Panamá, pero con lo que no contaba Julio Dely Valdés era que las cosas cambiarían totalmente para la segunda parte del decisivo duelo. La noche era larga y quedaba tiempo.
Para el olvido.
En el tiempo complementario, Panamá no salió con el mismo ímpetu que en la primera parte, en la que demostraron una superioridad abrumadora. Los de Julio Dely salieron un poco flojos, aunque a los 56 minutos de tiempo corrido, Gabriel “Gavilán” Gómez marcó el 3-0 desde el punto penal. Primero, “Gaviao” anotó a lo Panenka, pero el árbitro del encuentro, el salvadoreño Marlon Mejía, le mandó a repetir el cobro. En el segundo tiro, Gabriel lo cobró con mucha fuerza derrotando fácilmente al meta Franck Grandel, quien no pudo ver el esférico.
Después del gol de “Gavilán”, muchos pensaron que el partido había quedado cerrado, sin embargo, no fue así, debido a que Guadalupe (y luego de que Dely Valdés cambiará a Tejada por Rentería y a Barahona por Alberto Quintero) tomó fuerzas para complicarle las cosas a los istmeños.
Y así fue. A los 64 minutos, Brice Jovial marcó luego de un gravísimo error del defensor Eduardo Dasent, quien nada pudo hacer para detener su error (3-1).
Con este marcador y faltando una cantidad de minutos responsables para que el juez del encuentro pitara el fin del partido, los caribeños se avalanzaron sobre el marco istmeño en busca de un milagro.
Guadalupe, vestida de blanco, comenzó a tomar un color escarlata, mientras que Panamá empezó a volverse un poco más blanco. Los caribeños presionaban arriba buscando los dos goles que, por lo menos, le dieran el punto de oro, luego de tener el partido muy cuesta abajo.
Los caribeños seguían en busca de su sueño y lo acercarían más al minuto 78, cuando, nuevamente Brice Jovial, después de una buena jugada, marcara el 3-2, el que ponía en aprietos a Panamá. Julio Dely Valdés, en el banquillo, no podía creer lo que estaba sucediendo dentro del terreno de juego. Era como una pesadilla ya vivida para Julio, quien muchas veces como futbolista actuó en una película de terror como esta.
La historia se pintaba cada vez más real para los istmeños, quienes en vez de apretar o de anotar más goles, lo que hacían era guardar su resultado después de tener el partido en las manos y casi muerto.
Pero, como dice un dicho, nada está muerto hasta que no lo acabes y hasta que no lo compruebes.
Partido loco.
Después de todo el vendaval de jugadas y llegadas, el partido estuvo para cualquiera. Guadalupe tenía sus chances para empatar y Panamá, siempre tan complaciente en este tipo de situaciones, no mató el partido en dos jugadas claras de gol, las cuales fueron botadas por Luis Rentería.
El tiempo y el fútbol le vuelven a dejar una lección a los istmeños, quienes, a pesar de dominar, de comandar y mandar en toda la primera parte, no remataron la faena y acabaron sufriendo de lo lindo en el Estadio Ford Field de Detroit, un lindo recinto que quedará para el recuerdo de Julio Dely, ya que “El Panagol” agarró un buen susto.
El salvadoreño Marlon Mejía pitó el fin del partido. Panamá ganó, pero pudo haber empatado y hasta perdido. Lo bueno es que los tres puntos están de este lado; lo malo, no nos podemos dar el lujo de regalar así las segundas partes.