Deportes

Panamá cuenta

En la cuentística panameña se encuentran exponentes de suspenso, eficiencia, audacia, género, ciudad, vigor y muchos otros aspectos que nos dan señales de que el cuento está a salvo, vivo.


Pedro Crenes Castro (Especial) / PANAMA AMERICA

Después de 110 años de vida independiente, Panamá sigue contando. En estos días en los que los vientos soplan recios, nos toca guarecernos bajo el paraguas de las letras y la lectura para reflexionar sobre nosotros mismos como panameños.

Por ello, saliendo de “Narraciones panameñas”, llego a un libro que deberíamos, como aquel, tener en cuenta para nuestras futuras generaciones de estudiantes, en especial los de secundaria, según el antólogo. Se trata de la completísima antología de cuentos “Panamá cuenta. Cuentistas del Centenario 1851-2003”, editada por Norma y elaborada por el escritor Enrique Jaramillo Levi, gran cuentista panameño y excelente antólogo. Dicho libro vio la luz hace diez años con motivo del Centenario de la República y llegó para poner al día los esfuerzos de ilustres mujeres y hombres de letras que abordaron en su día el cuento panameño.

Ambas antologías pueden ser complementarias aunque, técnicamente, los textos compilados en “Narraciones panameñas” no sean todos ellos cuentos. Creo que la ventaja que vamos a tener, si somos capaces de introducir ambos en el circuito de lecturas de nuestros estudiantes, es que podrán ver (leer, es lo mismo en literatura) desde dónde venimos escribiendo y hacia dónde estamos yendo, porque el proceso de narración de la propia identidad no cesa.

“Panamá cuenta” es una obra ambiciosa, que recorre la práctica totalidad del cuento hecho en Panamá hasta 2003. Jaramillo Levi emprendió una empresa harto difícil y la resuelve con la solvencia suya de costumbre, llevándonos al rastreo minucioso de nuestra producción nacional en materia de cuento. Como bien nos dice en el prólogo, era “justo y necesario” que nuestro país tuviera esta antología y en su dedicatoria apunta profético: “a los estudiantes que buscan auténticas señales de la identidad nacional”. Un tema tan actual que no ha dejado de estar en la mente de todos.

Lo que me gusta de esta obra, como pasa con “Narraciones panameñas”, es que te puedes perder por donde quieras en aras del cuento. Yo he empezado por en medio, he buscado a mis cuentistas: Jurado (siempre), Ozores (presencia), Arroyo (novelista) y Jaramillo Levi (constancia estética). Luego he ido para atrás, en una huida estética que me diera alientos para hoy: Bárcena (suspenso), Sinán (eficiencia), Valdés (campo). Y claro, me he venido al presente: Wynter (ruptura), Taylor (femenino), Robinson (ciudad), Barría (audacia), Gómez (vigor). Y todos los demás (futuro). El cuento está vivo, el cuento suma y sigue.

Este encuentro entre estos dos textos y los estudiantes deben propiciarlo, si no las autoridades competentes para ello, los propios profesores. Que los muchachos lean de ambos, que beban de la vieja fuente y que prueben la nueva. Para mañana, eso nos va a llevar a un paladar lector cultivado, consumidores de literatura en potencia.

Pasados 110 años seguimos y seguiremos contando. Piden paso nuevos escritores y muchos de los consagrados dan giros brillantes a sus carreras. Entre tanta maravilla, nos hacen pensar, nos hacen disfrutar, deleitan y eso, al fin y al cabo es hacer Patria, 110 años después.

Una salvedad: en mi artículo “Panamá y los perros” di por buena una frase apócrifa del Quijote, con lo que caí en un viejo error de lector de pocas veces de la obra de san Miguel de Cervantes, patrono de todos los mentirosos. Gracias a mis buenos críticos y lectores, corrijo el error, hago propósito de enmienda y me impongo la lectura, esta vez más minuciosa, de la obra del Manco con la promesa futura de escribir sobre ello. Por lo demás, el fondo del artículo no cambia. Los que prefieran cambiar “perros” por “gallinas”, pueden: andar produce también cacareos.


fecha edicion
old id
908519
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América