Desde los tiempos del Libertador Simón Bolívar y su sueño de consolidar las naciones bolivarianas, el rol de Panamá como escenario ideal para la concertación, la construcción de la paz y el fomento del diálogo, ha sido reconocido en todo el continente.
Evidencia de ello lo constituyen las incontables cumbres, acuerdos y entendimientos que, en distintos episodios de la historia, han tenido a Panamá como el buen componedor y respuesta a esa vocación que, desde el siglo XIX, nos adjudicó Bolívar y que tuvo su momento estelar con la realización del Congreso Anfictiónico de 1826 en el territorio del istmo.
Con toda esa historia y prestigio a cuestas, no nos queda más que consolidarnos y seguir jugando ese papel de fiel de la balanza en la región, lo cual nos permitirá sostener el respeto ganado y ratificar aquello de que somos puente del mundo y corazón del universo.
No hay entonces espacio para pronunciamientos imprudentes que pongan en riesgo la seguridad del país y de sus ciudadanos y que debiliten la imagen ganada a fuerza de ecuanimidad y sentido común de los hombres preclaros que nos gobernaron antes.
Si se quiere pelear alguna guerra, internamente tenemos muchos frentes que combatir como lo son la desigualdad, la inseguridad, la injusticia, la pobreza y la corrupción, entre otros.
Seguramente, todos estaríamos dispuestos a enrolarnos, en un ejército de voluntades, para declarar esa guerra y luchar con tesón para ganarla.
Sobre el Papel Prensa
Señor Álvaro Vargas Llosa:“Algo enternecedoramente pasado de moda” (como quizás puedo ser yo ahora a mis noventa y un años de edad), es la frase que escamoteo de su columna del cinco de septiembre, publicada en el suplemento dominical DíaD de Panamá América. Al leerla, surgió el recuerdo de la década de los cincuenta del siglo pasado, cuando asistí, como miembro de la delegación del diario La Estrella de Panamá, a la reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa que se celebró en Nueva York. Allí, con el famoso don Tito Gainza Paz, director de La Prensa de Buenos Aires presente, se sugirió al pleno de la SIP el intensificar las gestiones con los grandes molinos mundiales para evitar que la falta del papel prensa provocara el cierre de los diarios, como estaba sucediendo en Argentina, por gestiones de Perón. Por eso, lo que usted escribe hoy me ha sido tan enternecedor, como me fue escuchar lo que se dijo ayer. Anima comprobar que hay quienes continúan atizando el fuego para prender antorchas. Madelag (Manuelita Alemán de Tribaldos)
Panamá aplaude traidores
Un pastor lusitano llamado Viriato mantuvo a raya durante muchos años la conquista de Hispania por los romanos. El año 139 antes de Cristo, unos lugartenientes de Viriato lo asesinaron mientras dormía y luego fueron a cobrar la recompensa. El cónsul Escipión, pensando sin duda que aquella gentuza igual podría traicionarlo a él, les dijo: “Roma no paga traidores” y los mandó matar.
Con frecuencia vemos en nuestro país con qué descaro se pasan al enemigo los zascandiles politiqueros y con qué desvergüenza aplauden sus defecciones los politicastros que los reciben. ¿Será que nuestra clase política ha perdido la vergüenza (si es que alguna vez la tuvo) de tal forma que no queda nadie con fuerza moral para decir “Panamá no paga traidores”? Francisco Moreno Mejías.